INVESTIGACIÓN, CONSERVACIÓN, RESTAURACIÓN,
DOCUMENTACIÓN Y DIFUSIÓN APLICADASL AL CINE. RECOMENDACIONES INTERNACIONALES Y
LEGISLACIÓN NACIONAL Y AUTONÓMICA
José
Enrique Monasterio
Director de la Filmoteca de Andalucía
jemonasterio@yahoo.es
El cine como realidad física frágil que merece ser
investigada, conservada, restaurada, documentada y difundida.
“El
cine no tiene futuro”. Esta frase de los hermanos Lumière, no solo pone de
manifiesto su ingenua falta de fe en aquel invento que maravilló en la mítica
proyección del Salón Indio del Grand Café del Boulevard des Capucines, el 28 de
diciembre de 1895, si no que, quizás, de manera cruel, se contraponga a la
frase de “El cine no tendrá pasado” y que lamentablemente planea sobre su
futuro. Porque desgraciadamente, si no lo remediamos, ésta es una de las
realidades de la memoria del cine: el soporte cinematográfico es perecedero,
resiste mal el paso del tiempo. Tenemos delante de nosotros su segura desaparición.
Lo
mismo que podemos contemplar las pinturas rupestres en las Cuevas de Altamira es
posible que de no tomar las medidas adecuadas tengamos la contradicción de que
aquel fenómeno que nació siglos más tarde, y al que Ricciotto Canudo, en 1911,
definió como el Séptimo Arte, desaparezca en su historia. ¿Historia del cine?.
¿De qué hablamos cuando la nombramos? ¿Un siglo de patentes y espectadores
hipnotizados?.
Dejando
de lado las teorías metodológicas con las que nos abordan las corrientes de estudiosos
para definir la historia del cine, debemos tener en cuenta qué nos enfrentamos
a una disciplina con una vida centenaria, y eso implica algunas consideraciones
en la perspectiva patrimonial. Pues un siglo apenas es nada en el conjunto
cronológico de cualquier historia, o si no ¿Qué ocurre cuando nos cuentan que
tal civilización vivió durante tantos siglos en determinado espacio?.Le
concedemos una importancia relativa a su huella en nuestra herencia actual,
remitiéndonos al estudio y conservación de todos los restos que puedan existir
de ese lejano pasado. Pero, sin embargo nos hacemos la ilusión de que nuestra
época y con ella nuestro cine, serán más afortunados y permanentes, pues como
hijos de todos los avances científicos de la era digital, explotamos con jubilo
juvenil una euforia, que enmascara aspectos de una vejez desprevenida en la
desolación de una desaparición absoluta, un aleteo furioso de pez ahogándose en
el exceso de oxigeno contaminado.
La
capacidad integradora es algo inherente al cine, yendo más allá de su
naturaleza artística para convertirse en la ventana con la cual podemos mirar
nuevos mundos y a nosotros mismos. Esta cualidad hace que sea el arte más
social y lo corrobora el ambiente que rodea al fenómeno de una proyección cinematográfica
siempre marcado por la ritualidad del arreglo personal, el pago en una
taquilla y el paso a una acogedora oscuridad donde ejercer de voyeur
privilegiado. De hecho suele ser una de nuestras primeras experiencias a la
que nuestros padres nos conducen de la mano desde pequeños.
Si
los hermanos Lumière fueron el alma, Edison, con sus patentes y sus métodos de
producción, es el que realmente materializó el nacimiento del cine como
industria. Sobre todo cuando el cine dejó de ser ese invento que pasear en los
“Congresos Científicos” y pasó a convertirse en objeto de atención popular. Lo
que a la larga le ha deparado su supervivencia. Sobre todo a partir de 1905 con
la creación de los “nickelodeons”: especie de espacios para el ocio
cinematográfico con capacidad para centenares de espectadores. Se trata de una
liturgia localizada en sus oficiantes y templos que de manera natural va
pasando de generación en generación hasta los multicines actuales. El
firmamento de sus estrellas ha sustituido o complementado al devocionario
particular para convertirse en la más esplendorosa religión de nuestra época.
Pero
salvando estos aspectos meramente sociológicos, también el cine parte de otros
que le afectan profundamente en su valor como Patrimonio. El valor de la
imagen como documento. Este puede ser determinado en razón de su contenido,
como por ejemplo las imágenes en 8 mm del asesinato de John Kennedy en Dallas
por las cuales cobraron sus herederos ,en 1999, 16 millones de dólares. O en
función del contexto histórico en el que se realizaron las películas, como
pudiera determinar la catalogación y definición de determinadas corrientes
cinematográficas que depararon géneros o movimientos rupturistas, baste
mencionar como uno de esos ejemplos al cine negro americano de “la guerra fría”
y el Código Hays, o al Free Cinema Británico de finales de los cincuenta. De
ahí la necesidad de crear Filmotecas para su conservación urgente.

La
tipología de estos archivos es muy variada y ha dado lugar a especializaciones
de diverso contenido. Desde la contemplación de museos del cine, a centros
especializados en épocas, soportes (televisivos, cinematográficos), temáticos
(Museo de la Guerra de Londres), ámbitos geográficos nacionales o regionales.
Las diversas Federaciones Internacionales, casos de la FIAF (Federación
Internacional de Archivos Fílmicos), FIAT (Federación Internacional de Archivos
Televisivos) analizan y procuran métodos y clasificaciones.

La
representación de la visión de los tiempos en los que está inmerso y los
agentes que intervienen en esa creación justifican ,per se, que el cine sea
conservado, aunque esta conservación no está justificada como un mero
almacenamiento con variables estables de temperatura y humedad y sí para que
podamos volver a ver esas películas en los formatos y espacios para las que
fueron creadas. Si no se proyectasen las películas no existiría el cine, sería
tan solo un material físico enlatado. Esta coherente exposición para la
conservación, ha sido mal interpretada con medias verdades por determinados
colectivos para justificarse, ocultar carencias y perpetuar status mal
entendidos que han degenerado en rivalidades departamentales y en desconfianza
entre archivos e historiadores. Afortunadamente, en la actualidad, el marco de
cooperación alcanzado trata de borrar esos extremismos pues está notoriamente
aceptado que, como diría Raymond Borde[1], “ Las dos tareas están
en equilibrio. Ahora se admite abiertamente que vale la pena preservar todas
las imágenes en movimiento tanto por razones sociológicas e históricas como
artísticas y culturales, y además los archivos deben ser lugares vitales del
cine y espacios de estudio”. También es interesante la visión de Nick Deocampo[2]
“Los artistas e intelectuales deben transformar los archivos e un lugar,
dinámico y viviente, de intercambio de ideas donde el pasado se vuelva
presente. Un archivo sólo tiene sentido si, además de ser un lugar donde se
conserva, logra inspirar una vida espiritual e intelectual fecunda”.

Las
imágenes que los archivos del mundo almacenan contienen abundante información
para la herencia cultural de las sociedades y este factor tiene que ser
abordado y estudiado en su importancia real pues determina la memoria del mundo
en el que vivimos. La falta de visibilidad de esta urgencia en contraposición
con otros elementos patrimoniales como la arquitectura, presente en todo
momento, inciden en la falta de conciencia pública. Las distintas fases del
proceso industrial (producción, distribución y exhibición) añaden paralelamente
nuevos elementos y problemas en el acervo patrimonial. En cada eslabón existen
materiales (contratos, fotos publicitarias, revistas, carteles etc.) que unidos
a la película adquieren un valor, pero este no incide en sí mismo sino en
aquel aspecto que sirve para aumentar el valor de la película referida. Por
ejemplo un cartel es valorado en una Filmoteca por la película a la que se
refiere, pero puede tener un valor muy distinto en una galería de arte.
Los
cambios tecnológicos, la yuxtaposición de soportes y la creación continua de
imágenes en movimiento han convulsionado notablemente el panorama audiovisual.
La experiencia no sólo se centra en el campo cinematográfico, sino en el de la
televisión e internet, complicando el debate sobre el planteamiento y
prioridades de conservación en los archivos. ¿Tenemos que conservar todo? ¿Qué
prioridades establecemos? ¿Qué es el Patrimonio Audiovisual?. Evidentemente
parece que los archivos audiovisuales tienen que expiar la culpa de haberse
incorporado tarde a la conservación ante semejantes retos.

De
las numerosas definiciones podría destacarse la siguiente[3]
El patrimonio audiovisual abarca, sin estar limitado a ello, lo siguiente:
a)Las
grabaciones sonoras, radiofónicas, cinematográficas, de televisión, en video y
otras producciones que incluyen imágenes en movimiento y/o grabaciones sonoras,
estén o no destinadas principalmente a la difusión pública;
b)
Los objetos, materiales, obras y elementos inmateriales relacionados con los
medios audiovisuales, desde los puntos de vista técnico, industrial, cultural,
histórico u otro; comprenden los materiales relacionados con las industrias
cinematográfica, radiotelevisiva y de grabación, como las publicaciones, los
guiones, las fotografías, los carteles, los materiales publicitarios, los
manuscritos y creaciones diversas entre las que se cuentan los vestuarios y los
equipos técnicos [4].
c)
Conceptos como la perpetuación de técnicas y entornos caídos en desuso
asociados con la reproducción y presentación de esos medios.
Salvado
el error de hacer competir a la preservación del patrimonio audiovisual y la
promoción de la difusión de la cultura del cine, sin duda producto del tiempo
de los pioneros, cuando Ernst Lindgren daba mayor importancia a la preservación
y Henri Langlois insistía en la prioridad de la difusión de la cultura
cinematográfica, los archivos audiovisuales deben saber impulsar la
investigación y la documentación como elementos fundamentales para su
desarrollo. Dichas funciones forman parte de la mayoría de los decretos de
creación de las principales Filmotecas y atendiendo a ellas podríamos plantear
el siguiente Plan director básico a desarrollar:
1- Preservación del Patrimonio Audiovisual:
1: Localización
2: Recuperación
3: Conservación
2- Documentación:
1: Líneas de información a los agentes del sector
2: Líneas de información sobre el sector
audiovisual
3: Líneas de atención al sector (apoyo y soluciones
a sus necesidades)
3- Investigación:
1: Fomento para la creación de bases de datos sobre
aspectos relacionados con el Patrimonio Audiovisual
2: Ayudas a proyectos de investigación sobre el
patrimonio audiovisual
3: Iniciativas formativas
4: Estudios transversales de otras materias
relacionadas (Física, Química etc).
4- Difusión:
1: Fomento de la exhibición de obras audiovisuales
2: Divulgación y uso de los materiales de archivo
3: Creación y establecimiento de líneas editoriales
en materias relacionadas con la investigación y el patrimonio audiovisual
4: Divulgación de las funciones y actividades del
archivo
5-
Creación del marco de
cooperación:
1)
Agentes del sector
2)
Instituciones
autonómicas, estatales e internacionales
3)
Archivos
audiovisuales y Centros de Documentación nacionales e internacionales
4)
Agentes sociales

De los puntos
aquí expuestos debemos incidir que el valor de un archivo audiovisual ,al igual
que en un museo, estriba en las colecciones que este archivo pueda disponer.
Esto indica que el punto de partida para la creación y justificación de un
archivo audiovisual es la preservación de un Patrimonio Audiovisual. Es a
partir de entonces cuando se desarrollan los llamados Servicios, que son las
líneas de documentación alrededor de dichos materiales y entonces la
investigación actúa como base de ambas funciones, tanto en su vertiente de
apoyo a su desarrollo o como resultado de sus necesidades, pues todo archivo
debe promoverla para su crecimiento. Hay que destacar que aquel lugar con
colecciones que no lleve implícita la preservación de los materiales no puede
figurar como archivo, lo mismo que una colección de libros no puede
considerarse una biblioteca. Puede parecer lo mismo, al tener los mismos
materiales, pero su filosofía es la que las distingue, ya que solamente puede
ser considerado archivo aquel que hace preservación de sus materiales para
garantizar su consulta a los usuarios y a las generaciones futuras de manera
permanente en el tiempo.

Desde este
orden de prioridades la difusión, a través de la organización de actividades y
ciclos, es una de las mejores bazas para dar a conocer dichas funciones y sus
distintos resultados. Este factor que incide en la visualización de los
archivos, y que los dinamiza entre la sociedad, tiene, por desgracia, bien por
necesidad o por deformación, el peligro de terminar convirtiéndose en la
principal razón de ser de un archivo audiovisual marginando a la preservación y
a los servicios e investigación (la cara de la moneda inversa al oscurantismo
de la conservación por la conservación anteriormente expuesta). El buen
equilibrio y la buena base de estas funciones determinará la calidad e
importancia de una Filmoteca.
Como
complemento añadiría que, aunque no figure por escrito en los decretos de
creación de una Filmoteca, el marco de cooperación debe ser una de sus funciones
y objetivos ya que cuanto más fuerte sea este marco mejores serán sus
resultados y apoyos en todos los puntos mencionados.
El
marco deontológico de los archivos y la tenacidad del cumplimiento marcarán
algo que es un intangible pero que a la larga es su mejor cualidad: la
confianza depositada en ellos. Esta confianza es difícil de ganar y fácil de
perder pues este es un mundo de altas sensibilidades y códigos no escritos.
Premisas de
funcionamiento positivo de un centro:
• Infraestructuras adecuadas:
• Instalaciones
• Espacios
• Servicios
• Señalización
• Estructura organizativa
adecuada:
• Programa:
1.
Colección (Recuperación, conservación ,investigación)
2.
Servicios
3.
Exposiciones/ Ciclos (Difusión)
• Administración de recursos:
1.
Económicos (presupuesto)
2.
Humanos (personal) RPT
• Gestión profesional:
• Estructura funcional no burocrática
(agilidad)
• Formación e implicación del equipo
técnico (motivación)
•
Eficacia y actitud del equipo administrativo (ser positivos)
Orígenes
y alcance de la preocupación:
Se
podría decir que la preocupación por la conservación del cine es inherente a su
propio origen en la medida en que aparecían problemas para almacenar el exceso
de producción, aunque en el fondo no era una inquietud por la preservación para
la posteridad, sino en función de amortizar al máximo la inversión realizada y
continuar explotando el catalogo. Las películas de nitrato de los inicios del
cine son altamente inflamables lo que hacía que las leyes de la policía
prohibieran a los industriales del cinematógrafo que guardasen en sus talleres
más de un determinado número de películas. De ahí que algunos, como por ejemplo
la casa “Gaumont" de Francia construyese un almacén de conservación a las
afueras de Paris con el nombre de Cinemateca Gaumont. Estas instalaciones, que
aprovechaban a unos fuertes de la guerra de 1870 consistían en unas bodegas
construidas a ras del suelo, de sólida albañilería, abovedadas y recubiertas
completamente con tierra, para en caso de incendio desplomarse sobre las
películas y apagar el fuego. La organización de esta cinemateca rematada con un
cartel de “Prohibido fumar” correspondía al sistema de cajas instaurado en los
bancos y bajo una normativa estricta ,que prohibía al propietario de la
película a depositar, su manipulación en dichas cuevas. No obstante también se
instaló una sala de proyección para el visionado de las películas.
Sin
embargo esta experiencia de las industrias audiovisuales tan centradas en la
producción del momento ,y su falta de visión como dimensión histórica de la
sociedad (cosa que por otra parte sigue sin ser novedad en el momento actual),
tuvo como respuesta la creación de las primeras Filmotecas en los años 30. Las
películas no tenían ningún valor y se vendían al peso. Solo la intuición y el
compromiso personal de personas visionarias como Jean Mitry, Henri Langlois y George
Franju (creadores de la Cinemateca Francesa en 1934) evitaron que esta
situación se perpetuase y de paso crearon los cimientos de la imagen romántica
de las Filmotecas, pues al amparo de aquellos ciclos de cine crecieron y
peregrinaron numerosos directores de prestigio y gestores culturales actuales.

El
esfuerzo realizado ha sido desde entonces constante, con los naturales errores
y cambios metodológicos propios de un archivo que debe enfrentarse a numerosos
retos tecnológicos y legales. Al poco tiempo nació al calor de algunos
contactos internacionales la Federación Internacional de Archivos Fílmicos
(FIAF) en 1938. Hecho que ha facilitado el marco de cooperación y la
implantación de un código deontológico muy necesario para la concienciación y
dignificación de las Filmotecas.
La
urgencia de esta empresa encuentra varias dificultades que podrían resumirse
en:
La
fragilidad de los soportes:
Hasta
la década de los cincuenta[5] las
películas cinematográficas se realizaban básicamente sobre soportes de nitrato
de celulosa plastificada (celuloide), un material de enorme inestabilidad
química que ha provocado la pérdida de gran parte del patrimonio
cinematográfico.
Desde
la implantación de los soportes de seguridad (triacetato de celulosa), los
archivos, en la medida de sus posibilidades técnicas y económicas, han
desarrollado un enorme esfuerzo para reproducir sobre estos soportes todas las
películas de épocas anteriores que han conseguido recuperar. No obstante y pese
a las enormes pérdidas sufridas por la cinematografía de los primeros sesenta
años, la transferencia de las películas filmadas sobre lo celuloide a soportes
de seguridad no ha sido concluida en ningún país del mundo.[6]
Mientras
que los viejos soportes de celuloide siguen degradándose, los "soportes de
seguridad" se han revelado como un material extremadamente delicado para
la conservación. En Manual de Archivos Fílmicos[7],
Herbert Volkmann, Presidente de la Comisión de Preservación de la FIAF,
advertía: "Desafortunadamente, la ciencia y la práctica han demostrado
que las condiciones más favorables para la preservación de los materiales en
los archivos fílmicos son muy críticas y permiten pocas variaciones...".
Durante años, la UNESCO, la Comunidad
Europea, la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF) y
otros organismos internacionales y nacionales han promovido investigaciones
para establecer científicamente las condiciones mínimas necesarias para la
preservación del patrimonio cinematográfico, más allá de las legítimas
necesidades de la industria cinematográfica.[8]
Esta
preservación sólo puede garantizarse si los archivos son capaces de crear y mantener
almacenamientos con las condiciones adecuadas, de temperatura y humedad y,
sobre todo, dotados de sistemas que garanticen su estabilidad.[9]
La
falta de personal con formación especializada:
Simultáneamente, los archivos deben acometer la
creación de las instalaciones y equipos técnicos necesarios para la
preservación y restauración de las colecciones, y deben ser capaces de
seleccionar y preparar el personal adecuado para la realización de todos estos
trabajos.
Sin embargo las contrataciones y los perfiles de
trabajadores no son todo lo adecuados para solucionar las carencias. No existe
formación cualificada más allá de los cursos que imparten las propias
Federaciones y Filmotecas. Tampoco existe la visualización de la profesión como
algo específico y propio, sino más bien el complemento a otros profesionales de
campos relacionados (archiveros, documentalistas y bibliotecarios). La
Administración no propone perfiles de trabajo adaptados a las necesidades de
las Filmotecas. Así mismo cuando existen profesionales capacitados no se pueden
contratar por cuestiones administrativas y no en función de meritos o
resultados.

El
snobismo mediático:
La
conservación del Patrimonio Cinematográfico sólo puede basarse en la
preservación de los negativos originales de las películas, de copias máster de
seguridad y de copias de proyección aptas para permitir el acceso a las
características originales de las obras cinematográficas.
Lamentablemente,
esta política de conservación carece de alternativas. Plantearse la
transferencia de las películas filmadas sobre soportes de acetato de celulosa a
las nuevas generaciones de soportes de poliéster (sin duda, mucho más
estables); plantearse la realización de duplicados de separación en blanco y
negro desde los negativos en color, o plantearse la transferencia de las
películas filmadas en sistemas fotoquímicos a las nuevas tecnologías digitales,
resulta absolutamente imposible por diversos motivos.
Sin embargo existen numerosos intereses de proyección mediática que hace
incurrir a las Filmotecas en la selección de aquellos títulos que tienen
consideración a nivel general y otorgan prestigio, desligándose de otros que
quizás no tengan el mismo componente artístico pero que son importantes para
nuestra memoria. La visualización de una Filmoteca en función de los ciclos que
organiza tampoco ayuda a relacionar la importancia de sus tareas fundamentales.
Los programadores se convierten en estrellas y pasan a convertirse en el medio
al que recurren (al igual que Disck Jockeis en el mundo musical). Al punto de
considerar que una Filmoteca si no pone películas está cerrada al público.
En función de este snobismo y al calor de intereses económicos de explotación
se ha usado gratuitamente el término de restauración cuando en realidad se
trata de nuevos tirajes o ediciones nuevas sobre la obra a explotar o exhibir.
Parece que se trata de crear radicalmente consignas en donde tengas que estar
colocado a favor o en contra (digital si o digital no, difusión o conservación)
Las
limitaciones presupuestarias para su conservación:
Las
cantidad de películas existentes a nivel mundial exigen fuertes inversiones
para su preservación y lo que es peor: las reproducciones obtenidas sobre
soportes de poliéster tendrían que seguir siendo conservadas en almacenamientos
muy controlados, y los nuevos soportes digitales carecen casi completamente de
garantías de preservación.
La
construcción y el mantenimiento de los archivos adecuados constituye la única
garantía posible para la conservación del Patrimonio Cinematográfico Mundial.
La
falta de cultura patrimonial:
Las
connotaciones negativas que tiene la palabra Patrimonio y archivo como algo
relacionado con lo antiguo, telarañas y material inaccesible ejercen una
influencia perjudicial para la imagen de las Filmotecas. Es como si el cine
fuera solo propiedad de unos pocos cinéfilos y se remitiese en exclusiva a
películas pesadas y de ensayo. Este sentir popular cala en los responsables
políticos que están sometidos a presiones para cumplir en el escaso mandato con
proyectos efectistas y de impacto. Por lo cual no pueden tener la visión
precisa para evaluar su importancia y actuar ,hipotecando a jóvenes archivos
que no tienen más remedio que centrarse en la difusión para sobrevivir como
proyectos.
Recomendaciones internacionales:
El
27 de octubre de 1980, la UNESCO, a través de la Recomendación
sobre la Salvaguardia y la Conservación de las Imágenes en Movimiento,
proclamaba que la cinematografía y el audiovisual constituían una parte
importante del Patrimonio Cultural, e invitaba a los Estados Miembros a "...tomar
las medidas necesarias para impedir la pérdida, la eliminación injustificada o
el deterioro de cualquiera de los elementos del patrimonio de imágenes en
movimiento."
La Recomendación de la UNESCO culminó
un largo proceso --iniciado en los años treinta por las primeras filmotecas--
de reconocimiento de la cinematografía y los registros audiovisuales como
Patrimonio Cultural.
La Recomendación propuso la adopción de medidas
para, por ejemplo, la adopción de sistemas de depósito legal para las imágenes
en movimiento de producción nacional y de acuerdos voluntarios de depósito de
producciones extranjeras, y la creación y financiación adecuada de archivos
de cine y televisión.[10]
Con
anterioridad a la citada Recomendación y para estudiar y preparar las
medidas a adoptar, la UNESCO había convocado una serie de reuniones,
entre las que destacó la Reunión internacional de expertos sobre los
requisitos especiales concernientes a la Preservación de Filmes y otros Medios
Audiovisuales, celebrada en Buenos Aires en octubre de 1978.[11]
En dicha reunión se resalto (punto 15) que "Cada
año que pasa se produce un aumento significativo de la utilización de
documentos de imágenes filmadas en todo el mundo. [...] Al patrimonio cultural
constituido a lo largo de los siglos por los medios tradicionales que son los
libros y los documentos, los cuadros y otras formas de arte, viene a sumarse en
el siglo XX el patrimonio cultural y científico de la imagen filmada. [...] Hay
que insistir en el hecho de que el material de las imágenes filmadas se ha
convertido ya en un rasgo fundamental de la existencia del hombre en todo el
mundo, y que es probable que dichas imágenes constituyan en adelante un elemento
más dominante todavía de nuestra vida cotidiana."
Por
su parte, el Consejo de Europa, emitió en 1979 una Recomendación
sobre el Cine y el Estado[12],
invitando a los Estados Miembros del Consejo de Europa a "organizar
el almacenamiento, la conservación y la restauración de películas".[13]
En la Recomendación sobre la Conservación del
Patrimonio Cinematográfico Europeo[14], el Consejo
de Europa, incluye explícitamente las películas en el patrimonio cultural y
social y, refiriéndose a la destrucción voluntaria y a las pérdidas
involuntarias, subraya "el cometido esencial que cumplen los archivos de
películas." [15]
Legislación nacional y autonómica:
En España el
tema de la preservación del Patrimonio Audiovisual tuvo una entrada más tardía
que el resto de los principales pioneros y llegó de la mano de la Filmoteca
Nacional, actualmente llamada Filmoteca Española. Este archivo nació el 22 de
marzo de 1953 en un marco de decisión estatal. Lógicamente su proceso fue
evolucionando desde su entrada en la FIAF en 1956, el Real Decreto 7/1997 del
10 de enero por el cual quedan reconocidas sus funciones y los proyectos de
creación de la futura sede del Centro de Conservación y restauración de la
Filmoteca Española. El alcance de su presencia la consolida como referente a nivel
nacional e internacional pues su marco de relaciones genera diversos fondos y
actividades.
Al abrigo de
la creación de los Gobiernos Autonómicos se fueron creando de forma paulatina
diversas Filmotecas. Por orden de aparición tendríamos a la Filmoteca Vasca /Euskadiko
Filmotegia (1978), la Filmoteca de Zaragoza (1981), la Filmoteca de Cataluña
(1982), la Filmoteca Canaria (1984), la Filmoteca de Murcia (1984), la
Filmoteca Valenciana (1985), la Filmoteca de Andalucía (1989), el (CGAI) Centro
Galego de Artes da Imaxe (1991), Filmoteca de Castilla y León (1991), la
Filmoteca Asturiana (1996), la Filmoteca de Cantabria (2001) y finalmente la
Filmoteca de Extremadura (2003). La naturaleza de estas, aunque coincide en
la Preservación del Patrimonio Audiovisual, difiere en detalles de orden
jurídico, pues algunas como por ejemplo la Filmoteca de Zaragoza no son de
ámbito regional sino provincial u otras como La Filmoteca Vasca tuvieron su
origen en una Asociación privada. El marco de actuación se circunscribe a un
ámbito más reducido territorialmente. Gracias a su trabajo se puede ofrecer una
imagen más completa y profunda de nuestro rico y necesario Patrimonio
Audiovisual.