Las
Transformaciones en Ugetsu Monogatari, de Mizoguchi Kenji
Raúl
Hernández Garrido
http://www.geocities.com/raulhgar
raulhgar@terra.es

Resumen: Este artículo es un resumen del trabajo
presentado para la obtención del Diploma de Estudios Avanzados de Tercer Ciclo,
en el programa de doctorado Teoría, Análisis y Documentación Cinematográfica,
de los departamentos de Comunicación Audiovisual y Publicidad II y Biblioteconomía
y Documentación de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad
Complutense de Madrid. El trabajo, dirigido por Jesús González Requena, se
inscribe dentro de la línea de investigación, “El discurso audiovisual a la
luz de la metodología textual”. Fue defendido el 5 de octubre de 2006 ante
el tribunal formado por Alberto López, Miguel Roiz Celix y por Gonzalo Abril
Curto, que actuaba como presidente.
En 1953 el Festival
de Venecia concedió el León de Plata al film, Ugetsu Monogatari (雨月物語, en traducción
literal “Lo que se cuenta -o los cuentos- de lluvia y luna”, o “Cuentos
del mes de las lluvias”, según otra lectura) del cineasta japonés Mizoguchi
Kenji (1898-1956). Este galardón se unía al premio a la mejor dirección que en
1952 el mismo Festival concedió a otro título de Mizoguchi, Saikaku Ichidai
Onna (La vida de Oharu, mujer galante). Con estas películas se daba
a conocer al espectador europeo la obra de uno de los más reputados directores
japoneses.
La larga carrera de Mizoguchi arranca en el cine mudo. Alrededor de los
años 30 ya había cuajado en una primera etapa de madurez, alabada por buena
parte de la crítica, encabezada por Noel Burch. Destacaban de ella su forma de
trabajo a un tiempo directa y austera, en la que el distanciamiento de la
cámara trazaba una visión objetiva del asunto, alejada de cualquier tipo de
implicación emocional, y en la que los dispositivos fílmicos se situarían por
encima del sometimiento a la excusa narrativa.
Sin embargo, el Mizoguchi último que se descubre en Europa en los años
50, es un autor que muchas veces ambientaba sus tramas en épocas históricas del
pasado –los jidia-geki, frente a los gendai-geki de tema
contemporáneo-; un autor en cuyas películas prima el tratamiento melodramático
por encima de la crítica al entorno social de la ficción. Y al mismo tiempo, es
un cineasta con un alto grado de elaboración formal de su discurso
cinematográfico. La utilización de la toma larga; la exquisita y muy precisa
puesta en escena, asociada a movimientos de cámara absolutamente precisos, de
una soberbia elegancia y al tiempo una gran contención, parecían ahora, frente
a lo que ocurría en sus obras anteriores, subordinarse a despertar emociones.
Según esta corriente crítica, según el mismo Burch, que rechaza de forma
acérrima esta última etapa de Mizoguchi, los films de esta última época de
Mizoguchi no se separarían mucho de los presupuestos más “convencionales” del
cine americano.
No obstante, aunque puede que algo de la radicalidad del primer
Mizoguchi haya pasado a un segundo plano, no por ello se dejan de reconocer en
las películas de su última etapa los rasgos absolutamente característicos que
distinguían su primer periodo, ligados tanto a un estilo personal como a una
forma de expresión autóctona y nacional, la de una cinematografía japonesa, con
presupuestos bien diferentes de los del cine occidental.
Lo que no es Mizoguchi es un cineasta apacible, que se preocupe
exclusivamente por la belleza formal. No evita los temas incómodos; los desarrollos
dramáticos de sus películas nunca son complacientes; los finales no se rigen
por el principio del final feliz. En sus films no se refleja una realidad
agradable y la supuesta placidez de su cine hedonista no deja de estar cargada
de insatisfacción. Mizoguchi, por encima del placer vacío del espectador, busca
su conmoción. Una conmoción en la que el espectador se cuestione el sentido de
la realidad: no sólo la que conforma la ficción del film, sino la realidad
propia del espectador.
En un film de tema fantástico como es Ugetsu Monogatari, esto va
incluso más allá. Por un parte, el cineasta cuestiona la pertinencia del orden
social preexistente, y se interroga acerca de la posibilidad de un cambio en la
escala social del individuo. Y por otra, se interroga por el valor del ser en
el mundo, al considerarse éste como un entramado de apariencias. Esa concepción
del mundo como ilusión lleva al individuo a un vacío que le conducirá a
desvanecerse en la nada.

El argumento de Ugetsu
Monogatari se sitúa a finales del siglo XVI, cuando Japón, tras la
muerte de unificador Oda Nobunaga, se sume de nuevo en las guerras civiles
motivadas por su sucesión. En ellas se enfrentan los seguidores de Hashiba
(Toyotomi Hideyoshi) con los de Oda Nobunaka, hijo de Oda Nobunaga, cuyo
principal valedor es el general Shibata.
Estas son las circunstancias
históricas del film, y en él dos hermanos campesinos aspiran a cambiar de clase
social. Genjuro quiere ser artesano, y carga su carro con sus creaciones para
venderlas en la ciudad; su hermano Tobei sueña con ser samurái. Tras un primer
viaje a la ciudad, coronado por el éxito, Genjuro se prepara para un segundo
viaje. La marcha se precipita al ser atacada la aldea por las fuerzas de
Shibata. Atravesando el lago, y acompañado de Tobei y de Ohama, mujer de éste,
Genjuro se dirige a otra ciudad, viéndose obligado por seguridad a dejar en el
pueblo a su esposa, Miyagi, y a su hijo.
En la ciudad venden con éxito
las cerámicas. Una bella joven, sin duda noble, y su criada, se acercan al
puesto y le encargan a Genjuro un pedido, ordenándole que lleve la mercancía a
la casa Kutsuki, en la montaña. Los samuráis atraviesan el mercado a caballo, y
Tobei les sigue, escapando de Ohama. Tobei compra una armadura, al tiempo que
Ohama, buscando a Tobei, se pierde y acaba siendo violada por unos soldados,
que arrojándole unas monedas pagan así su ultraje con dinero.
Genjuro recoge su puesto.
Camina por la ciudad y en una tienda de telas imagina a Miyagi vistiéndose con
ellas. Su ensoñación es interrumpida por la presencia de la joven noble y su
criada, que le recuerdan su encargo. Genjuro sigue a las mujeres hasta su palacio,
y allí Wakasa, la joven noble, se le declara. Ambos se convierten en amantes.
Al mismo tiempo, los samuráis
asolan la aldea y asaltan a Miyagi, a la que roban e hieren de un lanzazo en el
vientre.
Tobei, en la batalla, roba la
cabeza de un famoso guerrero, y se la lleva a Niwa Gorazaemon, el daimyô señor
de Ozimo. Tobei le pide comandar un destacamento, y el daimyô accede a la
petición. Tobei vuelve a su aldea con sus hombres, y hace una parada en un
burdel. Allí, cuando está jactándose de su saber militar, descubre que Ohama
sirve en el mismo burdel como prostituta. Ohama, con ironía, le muestra sus
“progresos”, su desgracia… Ella intenta suicidarse, pero Tobei, aunque esté
deshonrado, se lo impide.
Genjuro compra ropa, esta vez
para Wakasa. Cuando le dice al comerciante que vive en la mansión Kutsuki, éste
rehúsa aceptar su dinero, y le pide que se vaya. Un monje se cruza con Genjuro.
Le revela que Wakasa es un espectro y que Genjuro está en peligro de morir.
Genjuro le pide ayuda.
Cuando vuelve a la mansión
Wakasa se transmuta y le revela sus siniestras intenciones. Pero la escritura
en la piel con la que el monje le ha hecho un hechizo le protege. Wakasa le
pide a Genjuro que le siga a la tumba. La Nodriza le cuenta la historia de Wakasa.
La muchacha murió sin conocer el amor, por lo que la Nodriza la resucitó y
ahora pretende que Genjuro la acompañe al mundo subterráneo al cuál el espectro
pertenece. Genjuro intenta defenderse de esta amenaza, derribando luces y
paredes. El engaño se desvanece en la nada.
Genjuro vuelve a la aldea, y
en su casa, busca a Miyagi. Se reencuentra con ella y con Genichi, que está
dormido. Genjuro le pide perdón a Miyagi. Ella le tranquiliza y le da de comer
y beber. Genjuro, cansado y un tanto ebrio, se duerme con Genichi en sus
brazos. Miyagi cuida del sueño de su familia mientras cose.
Al día siguiente, Genjuro se
despierta con Genichi en brazos, pero no hay rastro de Miyagi. El alcalde del
poblado le revela la muerte de su mujer. Genjuro se da cuenta de que la mujer
que le recibió la noche anterior es un fantasma.
Genjuro llora a Miyagi. La
voz de Miyagi le habla. Genichi arregla la tumba, y Genjuro vuelve a su
trabajo, aunque ahora nadie mueva el torno. Tobei cultiva el campo y Ohama
cuida de toda la familia. El humo del incienso ofrecido a la estela de Miyagi
se eleva en el aire, para desvanecerse en la nada.
Ciclo
Análisis:
Títulos de crédito
Ugetsu Monogatari se abre con unos títulos de crédito en los que de forma
no evidente se presentan los temas que tratará el film. Una serie de imágenes
decorativas, que en una visión apresurada podríamos interpretar como una forma
elegante de presentar los rótulos del equipo, sin mayores pretensiones
significativas y con poca relación con la temática o el argumento del film.
Unos bajorrelieves lacados, con cierto volumen, y en los que predominan los
tonos oscuros, que no ocultan su valor artesanal y pueden hacer referencia al
oficio al que Genjuro, el protagonista, aspira a lo largo de la trama: el de
artesano.
Este primer dato que relaciona la naturaleza de las representaciones de
los títulos con el personaje principal de la historia comienza a borrar
cualquier visión superficial acerca de esta secuencia de títulos. En seguida
hay un dato que marca el auténtico carácter de esta secuencia: el hecho de la
repetición al final de la serie del primero de los cartones. Desde el mismo
arranque del film (desde antes que se establezca la trama) se marca el carácter
cíclico que toma este relato.
La serie de cartones son:
C1-Paisaje con casas
C2-Flores
C3-Paisaje (árbol – río – campo de arena)
C4-Paisaje con casas
C1. UN PAISAJE RURAL CON CASAS AISLADAS, BORDEADO POR UN LAGO O RIO, QUE
TAL VEZ POR EFECTO DE PERSPECTIVA, RODEA LAS CASAS Y CAE EN CASCADA HACIA
ABAJO.

C1
|
Dentro de las casas, hay un espacio posible para el ser humano. Un lugar
construido tanto para proteger como, cerrado y opaco, para albergar la
intimidad.
Bordeando este paisaje, el agua, un río o lago que finalmente se vierte
como torrente. Arropando el paisaje rural, protegiéndolo, y al mismo tiempo
cerrando el paisaje y marcando un límite, una imposibilidad de cruzar, de ir
más allá. Un límite que en cierto momento en la película será lugar de tránsito
y de cambio.
Podemos relacionar ese cartón C1 con el primer plano de la película, al
que sin embargo, en relación con el grabado, de los títulos de crédito, le
falta algo: el agua. Un agua que sin embargo podríamos deducir a través de los
árboles que rodean el espacio de labranza y cubren el promontorio que lo
limita.
Un agua que sin embargo el montaje introduce, como segundo plano del film
insertado de forma brutal en mitad de la panorámica del P1.
El lago se presenta en el film como un elemento que aparentemente
conecta y que realmente separa, frontera y límite que tiene una importancia
capital en todas las tramas.
Cuando Genjuro con su familia atraviesan el lago en dirección a la
segunda ciudad, pronto el lago revela su carácter. Siempre del lado de lo
desconocido.
P54
El lago envía lo siniestro en otra barca, espejo invertido de la de los
protagonistas. En ella navega a la deriva un marinero, víctima de los piratas,
que está a punto de morir: la muerte advierte así a los de la barca –a través
de alguien vivo pero que ya está muerto, en oposición a lo que veremos es el
fantasma de Wakasa, alguien muerto que sigue vivo.

P59
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El lago es un elemento que tiene una gran importancia en Mizoguchi,
reapareciendo de forma insistente una y otra vez en su filmografía, y siempre
con significados similares: sacrificio de lo femenino, anegación de lo
masculino.
Es el lugar en el que el protagonista de La señorita Oyu se
refugia, al ser incapaz de materializar el amor prohibido que sienten la
señorita Oyu y él.
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Oyusama
(La señorita Oyu, 1951)
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En el lago la hermana del protagonista de El Intendente Sansho se
suicida, para que éste logre escapar de los secuaces de Sansho.
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Sansho Dayu (El intendente Sansho,
1954)
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El lago es el destino final de la
huida de los amantes crucificados.
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Chikamatsu Monogatari (Los amantes crucificados, 1955)
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No es sólo un elemento que aísla y un obstáculo contra el que lucha el
protagonista, sino un punto ante el cuál el héroe de las películas de Mizoguchi
no manifiesta ningún intento de resistencia, simplemente se entrega a una
inacción fatal que finalmente le lleva a la destrucción. Una inacción
relacionada con la mujer, porque en Mizoguchi siempre donde hay agua: río,
lago, cañizal, el hombre parece inhibirse de lo que la mujer le exige. Ante esa
agua la mujer no tarda en disolverse en su fluido, sin que el hombre haga nada
por impedirlo.
El lago Biwa fue precisamente el punto de arranque de esta historia.
Yoda, Mizoguchi y yo habíamos pasado el día cerca del
lago Biwa, y Mizoguchi nos pidió escribir alguna cosa. Yo escribí una novela
que fue publicada, y Yoda un guion, pero Mizoguchi cogió más de mi novela que
del guion de Yoda.
MATSUTARO
KAWAGUCHI, declaraciones. Citado de VV.AA. Kenji Mizoguchi. Filmoteca
Nacional-25 Semana Internacional de Cine de Valladolid. Valladolid 1980. Pág.
15.
2.- FLORES

C2
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Un elemento decorativo, neutro, hasta que más adelante la película
“cita” un motivo floral similar: las flores de la tela que Genjuro quiere
comprar a Miyagi, y que han sido para él la excusa con que justificó su viaje y
el abandono al que sometió a su mujer y su hijo al borde del Lago Biwa.
Unas flores bordadas en la tela que podría vestir a Miyagi, y hacerla
bella y olorosa – atractiva- como esas flores. Lo cuál provoca la evocación de
Genjuro hacia su mujer, una visión “deseada”, dirigida, consciente. Y esa
evocación inmediatamente dará paso a la alucinación inconsciente del hombre: la
aparición del fantasma, en una visión que confunde la fantasmagoría con la
realidad, y que hará que él olvide todo lo relacionado con Miyagi, siguiendo al
fantasma hasta su casa.

P92
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P93
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P94
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P95
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P97
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P98
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P99 (I)
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P99 (II)
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En la casa del fantasma, nos encontraremos también con esas flores,
recubriendo sus paredes. Rodeando como un halo al fantasma, aludiendo tanto a
su imagen atractiva como a su realidad fugaz.
Y unas flores que adornan las telas que Genjuro adquiere, pero esta vez
para regalárselas a Wakasa y seguir alimentando el fantasma.
Las flores se han relacionado con lo que el hombre desearía de la mujer,
de Miyagi, algo que ella parece ser incapaz de brindarle a él, y que
finalmente, de forma delirante, se concreta en el fantasma. Su presencia en las
telas que recubren los muros de la casa Kutsuki marcan la continuidad del
espacio de la casa con el cuerpo de Wakasa. Cuestión que luego nos revelará la
Nodriza nigromante: si Wakasa no es sino un fetiche reanimado por la bruja, un
dispositivo engañoso para satisfacer un deseo no satisfecho, la casa se muestra
como parte de ese engaño. La relación fantasma-casa está clara. Cuando Genjuro
logra ahuyentar al fantasma, su esfuerzo hace que salga de la casa, y
literalmente caiga desde ella al suelo. A la mañana siguiente, la casa se muestra
como ruinas, y entre ellas, Genjuro encontrará los jirones de esas telas con
flores.
Las flores nunca llegarán a Miyagi. En lugar de estas telas, recoge
otras, las que recubren al maltrecho Genjuro, y que ella se apresura a remendar
mientras vela el sueño del hombre. Y entonces nosotros, espectadores, vemos la
figura de Miyagi como una flor que Genjuro nunca podrá reconocer. Con una
belleza fugaz destinada a desaparecer sin que llegue a ser apreciada por los
sentidos.
3.- Paisaje
Siguiendo el estilo de las otras imágenes, nos encontramos con un motivo
lacado que muestra un paisaje de ribera: agua, la tierra y un árbol.
C3
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Tres elementos: agua, tierra y árbol cuyos valores simbólicos importan
menos que la aparición posterior de estos elementos conformando un paisaje en
el cuál tendrá lugar un suceso fundamental para el film y su trama: la
seducción de Genjuro por el fantasma, su caída ante él.
El lugar donde se da la escena de seducción. Pero el árbol lleno de
hojas del relieve lacado, ahora está seco y sin hojas, y el jardín donde tiene
lugar la escena es de arena.
El contacto con la escena de la seducción se asocia al trágico cambio de
fortuna de los protagonistas: Genjuro renuncia a su familia al jurar al
fantasma que le seguirá, pase lo que pase; en la siguiente secuencia, Miyagi
muere.
4.- Repetición del primer paisaje

C1
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C4
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Con lo que se cierra una estructura cíclica que se repetirá en el film,
tanto en su conjunto, como en cada una de sus partes. Un ciclo sobre el cuál se
ha inscrito el acto de escritura del film:
UGETSU
MONOGATARI–basados en los Ugetsu Monogatari de Ueda Akinari
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Dirigido por Mizoguchi Kenji
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Pero hay algo más en estos títulos de crédito, que de alguna manera, de
forma gráfica, expresan diferentes visiones de lo que es la mujer para el
hombre:
-
casa, mujer
como protección
-
flores, mujer
como atracción
-
paisaje, la
mujer como seducción
-
casa, la
mujer como retorno
No podemos obviar lo que se escucha: el canto de un hombre, con la
entonación honda del canto en el teatro Nô. Un canto que nos recordará al otro
canto masculino que aparece en el film: el del fantasma del padre de Wakasa.
Tampoco se pueden obviar los tonos oscuros de estos grabados y de su
registro fotográfico. Unos tonos en el que su mínimo contraste, aunque permite
la visión, está a punto de sumir la imagen en la oscuridad. Unos tonos que se
relacionan con la tónica de iluminación del resto del film, en el cuál, si bien
las secuencias nocturnas están equilibradas con respecto a las diurnas (38,
respectivamente), cuando se fotografía el día se hace de forma opaca, sin
brillos. Cuando se muestra el cielo, suele ser un cielo apagado, sin sol. La
luminosidad se limita a un espacio, el de la ciudad.
Desde los títulos de crédito, la idea de ciclo se define como
fundamental en el film. El mismo plano abre y cierra la película, y dentro de
la película, podemos distinguir dos partes en la que la idea de ciclo se ve
reforzada por indicativos de dirección (en cada ciclo se narra una ida y un
regreso, y éstas tienen por sentido izquierda/derecha en el primer ciclo del
film; y derecha/ izquierda en su segundo ciclo) y por la inserción de planos de
composición similar abriendo y cerrando cada una de las partes. El primer ciclo
nos cuenta el primer viaje de Genjuro, mientras que el segundo, centrado en el
segundo viaje constituye el grueso del relato, en el que lo fantástico se
entremezcla con lo real, y los personajes masculinos, impelidos por su deseo,
incurren en una serie de errores fatales y de traiciones que ponen en peligro a
los que se suponen son sus seres más queridos.
Primer viaje
El
deseo de Genjuro
Genjuro quiere ir a la ciudad para cumplir con su deseo. Quiere dejar de
ser como es. No se resigna a ser un campesino, radicado en la aldea, y aspira a
abandonar el trabajo sobre la tierra para pasar a convertirse en artesano. Para
no trabajar en la tierra, sembrando y recogiendo sus frutos - algo que sin
embargo permite que su familia y él sobrevivan- sino que quiere trabajar el
barro, moldearlo a su capricho, transformar su apariencia, convertirlo en algo
que no es pero que puede ser.
La ambición de Genjuro, su deseo desmedido, le lleva a moverse en la
esfera de la apariencia y el cambio: transforma el barro en cerámica. Quiere
cambiar de clase social, así como que su mujer adopte otra forma de ser, otra
apariencia.
Esto contrasta con la satisfacción de la necesidad, preocupación
prioritaria para Miyagi, como protectora de la familia, algo que apunta a ser
formulado como un hecho piadoso.
En la ciudad, Genjuro conseguirá lo que deseaba: transformar su trabajo
en dinero. Históricamente, el dinero en la época en que se ambienta el film
constituye una novedad, que romperá la forma de economía establecida que hasta
ese momento se había basado en el trueque.
La circulación de mercancías es el punto de arranque
del capital. La producción de mercancías y su circulación desarrollada, o sea,
el comercio, forman las premisas históricas en que surge el
capital. La biografía moderna del capital comienza en el siglo XVI, con el
comercio y el mercado mundiales. Si prescindimos del contenido material de la
circulación de mercancías, del intercambio de diversos valores de uso, y nos
limitamos a analizar las formas económicas que este proceso engendra, veremos
que su resultado final es el dinero. Pues bien; este resultado final de
la circulación de mercancías es la forma inicial en que se presenta el
capital.
MARX, KARL. El capital. Tomo 1, capítulo 4.
Página 95.
El dinero no será un simple valor de cambio, destinado a simplificar los
procesos económicos. El dinero es un resultado en sí mismo de estos procesos, y
esto va a alterar el sistema económico previo y hacer tambalear el sistema de
valores establecido. Tanto que llega a poner en peligro a los personajes del
film, saldándose con la decepción de Genjuro y Tobei, la infamia de Ohama y la
muerte de Miyagi.
Análisis. Primer viaje: los resultados
El juego de transformaciones asociado a Genjuro, que veremos
contrapuesto a aquél, ligado a la Ley del Buda, en el que Miyagi se integra, se
va a expresar de forma plena en la secuencia 5, la siguiente tras el regreso de
Genjuro en su primer viaje. En ella, Genjuro se permite recubrir a Miyagi (y a
Genichi) de las ropas que les ha comprado en la ciudad.
El comienzo del plano 13 revela la estrategia de ambos en la secuencia:
-
Genjuro muestra
de forma patente lo que consigue, como expresión de ese nivel de transformación
ilusoria que ha logrado
-
Miyagi lo
acepta en cuanto tiene una utilidad, y en cuanto a eso, maneja otro tipo de
transformaciones, relacionadas con la satisfacción de necesidades básicas.
Vestir, como abrigarse, protegerse, y comer para saciar el hambre.
Así, Miyagi toma las vituallas que ha comprado Genjuro, pero
apartándolas del campo de visión: coge el alimento y lo sitúa cerca del fuego,
detrás de ellos, fuera de su vista.
Su acción es completamente opuesta a la de Genjuro, interesado en la
exhibición. La mentalidad del hombre se ha integrado, o desea integrarse, en la
forma en que rigen los procesos económicos en la ciudad. Y la exhibición es una
parte fundamental de estos procesos en cuanto el comercio pone al alcance de la
mirada de cualquiera el producto para que el que pasa se siente atraído por
éste.
Esos procesos causan en Genjuro un ansia, de producción, de exhibición,
que le llevará al derroche, a comprar más de lo que necesitan para sobrevivir
aquí y ahora, y a rodearse de todas estas cosas.
La circulación simple de mercancías –el proceso de
vender para comprar– sirve de medio para la consecución de un fin último
situado fuera de la circulación: la asimilación de valores de uso, la
satisfacción de necesidades. En cambio, la circulación del dinero como capital
lleva en sí mismo su fin, pues la valorización del valor sólo se da
dentro de este proceso constantemente renovado. El movimiento del capital es
por tanto, incesante.
MARX, KARL. El
capital. Tomo 1, capítulo 4. Página 98.
Marx ya lo destaca, el movimiento del capital es incesante.
El plano, que al sentarse Miyagi alcanza su encuadre final, divide el
espacio en dos lugares: el de Genjuro (el de la exhibición, el de la
palabrería, el del deseo que reclama ser satisfecho) y el de Miyagi (el de la
utilidad, el de la necesidad que debe ser satisfecha). Entre ellos, en el
centro del plano, pende de una cuerda el caldero sobre el fuego. Y esto sitúa
un lugar fundamental de la composición del plano que marca lo que se está
jugando en la secuencia: la forma en que se vive y sobrevive. Pero pese a la
diferencia que introduce la división en IZQUIERDA / DERECHA que crean las
posiciones de los actores y la línea que cruza el plano formada por el tendón
que mantiene el puchero sobre el fuego, no habla tanto de un enfrentamiento
como de una colaboración, un punto de encuentro, a pesar de las diferencias.
Miyagi, con su movimiento y la concentración en su trabajo, sitúa y da
importancia a ese proceso que tiene lugar ahí dentro, donde se cuece, en
ese caldero en el que el alimento (ya se haya conseguido por el cultivo de la
tierra o por la compra con el dinero) se convierte en comida. Es un lugar
destacado por la composición del plano (es un punto fuerte del encuadre, debido
al cruce de las diagonales que delimitan las siluetas de los dos personajes) y
está contrastado por la acción dramática: pese a los intentos de Genjuro por
llamar la atención moviendo sus “beneficios”, no logra alterar la fuerza de ese
punto, donde se concentra la actividad de Miyagi.
Pero por debajo de ese caldero, justo en el centro del cuadro, bajo su
límite inferior, se encuentra un elemento aún más importante. El fuego, agente
de la transformación del alimento que está en el caldero.
El fuego realiza la transformación ligada a Miyagi. Es un fuego que sabe
plegarse a la voluntad de Miyagi, calienta la comida pero sin embargo no quema.
Un fuego que Miyagi no niega, que incluso utiliza, pero que sabe mantenerlo
fuera de la visión, donde no queme, donde no haga ningún daño.
El proceso vital es comparable a un fuego que arde.
Debido a la involuntaria actividad de nuestra propia naturaleza, tal como
funciona en contacto con el mundo exterior, la vida sigue su marcha sin cesar.
El tratamiento consiste en la extinción (nirvâna) del fuego, y el Bhuda, el
Despierto, es el que ya no arde ni se inflama.
ZIMMER, HEIRINCH. Filosofías de la India. Editorial
Universitaria de Buenos Aires. Buenos Aires 1979. Página 369.
Un fuego que pronto Genjuro desplazará al horno, aunque veremos que
entonces será incapaz de manejarlo. Serán Miyagi y Ohama, las dos mujeres, las
que lo guarden y manipulen.
Genjuro está imbuido de una visión capitalista de la vida, frente a
Miyagi, que convierte el brocado en algo que la protege del frío, le restituye
su utilidad de ropa, de protección. La necesidad, al ser aplacada, cesa, y así
se logra la anulación del deseo.
Vivimos envueltos por los impulsos de los diversos
estratos de nuestra propia naturaleza, tejidos por el hechizo de su naturaleza
específica. El objetivo que se proponen alcanzar las técnicas de la terapéutica
budista es poner fin a este proceso de autoenvolvimiento.
ZIMMER,
HEIRINCH. Filosofías de la India. Editorial Universitaria de Buenos
Aires. Buenos Aires 1979. Página 370.
Y en este punto en que se contraponen el movimiento incesante del
capital frente a la cesación de cualquier movimiento, que pretende romper con
el mundo de las apariencias, Mizoguchi articula la secuencia tanto sobre la
crítica marxista a la transformación del dinero en capital, como sobre la
negación budista del deseo.
El budismo enseña que el valor atribuido a una cosa se
determina por la particular forma de vida desde la cuál es considerada y por la
personalidad de que se trate.
ZIMMER, HEIRINCH. Filosofías de la India. Editorial
Universitaria de Buenos Aires. Buenos Aires 1979. Página 369.
Las acciones de Miyagi se deben a una posición moral, ligada a la piedad
y no exenta de religiosidad. Miyagi se detiene, no quiere entrar dentro de ese
ciclo que trae Genjuro de la ciudad, el del proceso del dinero. Miyagi sabe
hasta dónde el deseo puede ser soportado, y que el límite de éste está en no
considerarlo como un fin. De ahí la maniobra de Miyagi, que reconduce una y
otra vez la ambición de Genjuro al campo de la satisfacción de la necesidad
básica, tal como la existencia cotidiana reclama.
Lo que en otros tiempos habitaba en el cielo, el Zen lo
ha traído a la tierra. Con el desarrollo del Zen la mística perdió lo místico,
ya no sigue siendo el producto salido del esfuerzo de una naturaleza
especialmente dotada. Pues el Zen descubre su esencia en la vida trivial y sin
acontecimientos del hombre de la calle, aprehende el hecho de la vida en medio
de la vida, tal como ella acontece.
SUZUKI,
D.T. Introducción al Budismo Zen. Editorial Mensajero. Bilbao 1986.
Página 56
Y de ahí, su rostro consternado, con un punto de desagrado, cuando
Genjuro persiste en la exhibición de los logros de su deseo.
Si en el centro se ha situado la aldea, y en el centro de la aldea está
la casa del matrimonio, en el centro de la casa se encuentra el alimento
cociéndose en comida. Y bajo él, el fuego, que es alimentado y mantenido por
Miyagi.
El movimiento, leve, del plano 13 no sólo sitúa a los personajes; coloca
el alimento y el fuego en su lugar, y marca esos puntos del campo y del
contracampo que van a entrar en crisis.
Segundo Viaje
La mano que mueve el torno
Inmediatamente tras su regreso, Genjuro prepara un segundo viaje a la
ciudad. Y para ello va a lo que Miyagi, siguiendo la Ley piadosa que ella acata
y representa, sitúan en dos lugares fundamentales: en el centro, el
alimento que cuece, y bajo el centro, fuera de cuadro, el fuego que lo
hace cocer. Al desplazar Genjuro el alimento y el fuego de esos dos lugares, la
ley de Miyagi cederá su lugar a la del hombre, una ley de transformación ligada
al deseo incesante. El alimento cociéndose se sustituye por el barro que se
convierte en cerámica; y el fuego, por el torno. Irónicamente, Genjuro da a
Miyagi una nueva ocupación. Es desplazada del control de ese punto de
transformación y pasa a hacer girar el torno, apartada ahora a una patente
posición lateral en el plano.
Genjuro ha “secuestrado” el fuego. Lo necesita para su horno, donde
ahora se cuecen las cerámicas. Y eso supone que aunque Miyagi, como “dueña” del
fuego sea la que siga manejando este fuego encerrado en el horno, lo haga ahora
para servicio y conveniencia del deseo de Genjuro.
Transformaciones:
Procesos
La transformación, así como expresiones de transformación como son la
metamorfosis o la magia, son elementos que aparecen una y otra vez en las
historias fantásticas. Si bien en Ugetsu Monogatari las transformaciones
son un elemento indiscutible de los hechos sobrenaturales incluidos en la
trama, podemos afirmar que su aparición tiene más importancia a nivel
estructural, asociada a principios que, dentro del film, configuran la
realidad. Este concepto de transformación, como hemos visto, aunque esté teñido
de los dogmas del Budismo Mahayana, sorprendentemente no se aparta tampoco de
las tesis de Marx en El Capital. Mizoguchi, ahora un piadoso creyente en
el budismo zen, que oraba en su habitación del hotel de Venecia para que
Ugetsu Monogatari fuera apreciada, no niega al autor que no tenía
reparos en confesar sus inclinaciones marxistas en los años 30.
La construcción del film de acuerdo con tesis económicas marxistas se
confirma en la minuciosa exploración que se da en su trama de las
trasformaciones que tienen lugar en los procesos de producción de las
diferentes clases sociales: contraponiendo el artesano-comerciante al campesino.
Diferencias en el proceso de transformación generarán sistemas morales
diferentes, incluso afectando a diferentes formas de definir conceptos como la
sociedad o el tiempo. En la discrepancia entre una y otra forma de concebir la
transformación existe una fisura, ligada al exceso y a la ausencia de
limitación, por la cuál se introduce lo sobrenatural como una quiebra de la
realidad.
Genjuro ignora la ley budista que sujeta y da sentido al juego de las
transformaciones, la ley del Karma, y prefiere y desea ajustarse a un ciclo de
producción más ligado a una ley capitalista. Marx señaló algo similar al
examinar las metamorfosis del capital en capital dinerario, capital productivo
y capital mercantil.
Las tres fórmulas pueden exponerse así, llamando Pc al
proceso de circulación en su conjunto.
I) D – M...
P... M’ – D’
II) P... Pc...
P
III) Pc... P
(M’).
Resumiendo las tres fórmulas en su unidad, vemos que
todas las premisas del proceso aparecen como su resultado, como premisa
producida por él mismo. Todos los momentos aparecen aquí como punto de partida,
punto de transición y punto de retorno. El proceso en su conjunto se presenta
como una unidad del proceso de producción y del proceso de circulación; el
proceso de producción sirve de mediador del proceso de circulación. Y
viceversa.
MARX, KARL. El Capital, tomo II. Sección I: Las metamorfosis
del capital y el ciclo de las mismas
Capítulo IV. Las tres fórmulas del proceso cíclico.
Página 81.
En el momento en que la Ley del Karma se ignora, la noción de realidad
entra en crisis, ya que el ciclo de transformación que impone Genjuro ha
permitido que un sistema de apariencias, falso aunque absolutamente
estructurado por el deseo del hombre, llegue a sustituir la realidad.
Pero esta serie de transformaciones no afectan únicamente a objetos. De
hecho, el deseo de Genjuro y Tobei es cambiar ellos mismos, transmutarse en
cuanto a realidad social, y en cuanto a su misma personalidad (por ambición,
por búsqueda de fama o ansia de poder). Los cambios acaban afectando, como
víctimas, a las mujeres.
Es importante recalcar en este punto las referencias al teatro Nô del
film. En su estructura, las piezas del Nô dan cuenta de una iluminación, ligada
a un movimiento de revelación final. Algo relacionado con el concepto zen de satori
(momento súbito de iluminación), desencadenado mediante la meditación
insistente acerca de un koan (una pregunta que plantea el maestro al
discípulo y en la que éste último debe evitar emplear la lógica para
desentrañarla.) En cuanto a esa estructura Nô que está latente en el film, se
puede analizar la película, no sólo a través de la peripecia de los dos hombres
en su trayecto para realizar su deseo, sino considerando la revelación de una
marca que está presente en la mujer.
Podemos constatar que los tres personajes femeninos sufren
respectivamente dos transformaciones sucesivas. La última de ellas es la que se
relaciona con esa iluminación presente en las piezas de teatro Nô.
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DONCELLA MUERTA à ESPECTRO
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PROSTITUTA à ESPOSA PROTECTORA
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ESPOSA PROTECTORA à ESPECTRO
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ESPECTRO à ESPÍRITU PROTECTOR
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En estas transformaciones podemos señalar los siguientes agentes:
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En WAKASA:
o
DONCELLA
MUERTA à
ESPECTRO
La Nodriza, su compasión
(motivada por la perfidia de Oda Nobunaga)
o
ESPECTRO à CADÁVER
El monje zen
y Genjuro como ejecutor.
-
En OHAMA:
o
ESPOSA FIEL à PROSTITUTA
Tobei, su afán
injustificable de ser samurái, de lograr su propia transformación. Una
transformación ligada a la apariencia, y que se corresponde con la que sufre su
mujer de forma negativa (de campesino a samurái à de esposa a prostituta.)
o
PROSTITUTA à ESPOSA PROTECTORA
Tobei, su vergüenza, en
cuanto reconoce su error y renuncia a parecer un samurái y abandonar a su
mujer, permitiendo que sea una prostituta. Pero también en cuanto perdona a su
mujer, y no la obliga a la muerte (lo cuál figuraba en la primera versión del
guion, al tiempo que él ascendía aún más en la escala del samurái, siguiendo su
ambición hasta el final.)
-
En MIYAGI
o
ESPOSA
PROTECTORA à ESPECTRO
Si Genjuro y su ansia por
dejar de ser campesino predispone a la muerte de Miyagi, tendríamos que pensar
en cuál es el agente que hace que la esposa muerta pase a ser espectro ¿El
ansia de venganza? Y en ese caso, podríamos preguntarnos de forma legítima cuál
es el papel de la bruja-nodriza aquí.
o
ESPECTRO à ESPÍRITU PROTECTOR
Igualmente, en cuanto al paso de
espectro a espíritu protector tenemos que hablar de una instancia moral como la
que permite a Miyagi seguir como viva protegiendo a su familia. ¿Buda Amida?
¿La ley?
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DONCELLA MUERTA à ESPECTRO
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La Nodriza, su compasión ante la perfidia de Oda Nobunaga.
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El monje zen y Genjuro como ejecutor.
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PROSTITUTA à
ESPOSA PROTECTORA
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Tobei, su afán de ser samurái
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Tobei, su vergüenza, su perdón
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ESPOSA PROTECTORA à ESPECTRO
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ESPECTRO à
ESPÍRITU PROTECTOR
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Genjuro y su ansia por dejar de
ser campesino. ¿La venganza contra Genjuro?
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La mujer está marcada, supone una herida abierta. Hay una carencia
fundamental en cada una de las mujeres:
-
Wakasa,
condenada a seducir por no haber sabido en vida qué es el sexo.
-
Ohama, en el
burdel, vendiendo su cuerpo por dinero debido al abandono de su marido.
-
Miyagi,
olvidada por su marido que no ha podido auxiliarla a ella ni a su hijo de los
peligros que les acechan.
Se considera a Mizoguchi un director especializado en temas femeninos.
En realidad, la temática femenina de Mizoguchi incide una y otra vez en el tema
de la geisha o de la prostituta, por una parte, y por otra, en el de la mujer
prohibida por orden del padre.
Kenji Mizoguchi cést
fair le chante des femmes d’origine modeste, aux manières vulgaires, modernes
en aparéense mais qui dans le fond ne parviennent pas à se libérer des
contraintes feudales de la societé traditionnelle.
TADAO,
SATO. Le cinema japonais. Tomo 2. Centre Georges Pompidou. Paris
1997Pág. 82
Temas que más de una vez coinciden y que configuran en su cine una
temática acerca de la herida en la mujer. En esa herida se encuentra tanto el
deseo del hombre, como una restricción, la de la ley que la mujer sufre.
-
Wakasa,
marcada por la ley de Nobunaga, luego por la ley de la vida y la muerte, y
finalmente por la ley del Buda, que acaba por expulsarla de este mundo.
-
Ohama,
sintiendo el peso de estar al margen, de ser una mujer pública cuando ha sido
esposa.
-
Miyagi,
muerta pero retenida en el mundo por el peso de la venganza o del deber
conyugal.
En más de una ocasión en el cine de Mizoguchi, la mujer se encuentra
frente a esa herida. En más de un caso, el hombre es incapaz de escuchar la
llamada insistente del hombre de hacerse cargo de esa herida.
La mujer se encuentra inmovilizada entre estos dos ejes, el del hombre
que desea, y el de la ley que la prohíbe o que la sitúa más allá de lo
permitido, en un sitio inaccesible para el hombre. Y así, la mujer se expone en
lo que tiene de herida abierta a la mirada del hombre. En las películas de
Mizoguchi, al hombre sólo le queda presenciar esa revelación que se da en la
mujer. Y una vez que la revelación tiene lugar, el hombre debe someterse a esa
ley.
-
Genjuro, ante
Wakasa, renuncia a la seducción.
-
Tobei, ante
Ohama, renuncia a la fanfarronería y recupera a su mujer.
-
Genjuro, ante
Miyagi, renuncia a la ambición de cambiar de condición.
La estructura del Nô, por la que el Shite, el espíritu, se transforma y
revela ante el Waki, el peregrino, se repite en las tres historias. La
presencia de un ser, femenino, que finalmente desvela su verdadera personalidad
ante el Waki, testigo de esa revelación. Y en todos los casos el Waki, el
testigo, es el hombre correspondiente a esa mujer: Genjuro para Wakasa, Tobei
para Ohama, Genjuro para Miyagi.
El lugar
que se ha vaciado del fuego
Análisis: El Segundo viaje. El ataque a la aldea. (III)
Los samuráis atacan la aldea. Y eso hace que, pese a la oposición de
Genjuro, los campesinos abandonen el horno. Genjuro, preocupado porque el fuego
no se apague y la cerámica cueza mal y se malogre arruinando su trabajo, se
arriesga a entrar en la aldea ocupada y atender el horno. Miyagi le sigue.
Tras comprobar que la acción de los samuráis, que ha provocado que el
fuego se apagara, no ha hecho sino favorecer el cocido de las cerámicas, las
dos parejas de campesinos sacan las piezas del horno trazando una trayectoria
insistente: las extraen del horno para depositarlas abajo: fuera del plano. En
ese lugar en el que antes vimos a Miyagi situar el fuego, abajo, fuera de campo,
en el centro.
Si examinamos el juego de las transformaciones que tiene lugar en ese
lugar (Bajo el centro, Fuera de cuadro), en la secuencia del lago que sigue a
ésta podremos anticipar el próximo proceso de transformación, que tendrá lugar
en la ciudad. Y esto debería hacernos comprender cómo el fantasma se introduce
en el ciclo de Genjuro.
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CRUDO (DURO) / COCIDO (BLANDO)
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Genjuro ha roto la cadena de transformaciones de Miyagi (al impedir a
Miyagi cocinar) para instaurar la suya, que le permitirá producir la cerámica e
introducirse en el ámbito del chonin o artesano-comerciante (y en el
ciclo del capital). En cuanto a eso, Genjuro aparentemente instaura una
concepción del tiempo como progreso, abierta y lineal, pero que sin embargo no
tiene un punto de llegada, ya que le falta un propósito dictado por una Ley.
Paradójicamente, el beneficio obtenido está condenada a reintegrarse, una y
otra vez, como postuló Marx. El exceso es posible en esa ley, y eso hace que
las apariencias se multipliquen, y que el fantasma tenga lugar. Al romperse por
agotamiento este retorno incesante revelará lo que hay detrás de él: la
aniquilación de los medios de producción, el cadáver.
Miyagi, al final del relato, para reintroducir la Ley, tendrá que
rectificar esto. Y lo hará con su sacrificio. Eso reinstaurará el ciclo de
producción del campesino, a través del humo que emana de su túmulo funerario,
que atraviesa el campo y que vuelve al aire. En cuanto a eso, el tiempo de
Miyagi, que en principio es un tiempo cíclico, cerrado y circular, introduce un
lugar posible para después de la muerte, ligado a esa Ley que rige su forma de
transformación.
Otra cuestión ligada a este esquema es que el elemento motor en cada
caso ocupa en la puesta en cuadro ese lugar accesible y oculto (Bajo el centro,
Fuera de cuadro) tan destacado en este film. Pero eso se romperá finalmente
cuando el dinero haya sustituido a la cerámica. Por naturaleza, el dinero se
exige debe verse y circular. Esa emergencia de lo que debería estar oculto
permitirá la aparición del fantasma y la sustitución de Wakasa por Miyagi.
Análisis: Segundo viaje. Viaje nocturno a través del lago
Desde abajo. Ohama canta mientras rema. Su cuerpo pendula, en eje con su
vientre, que queda en el centro del encuadre, bajo su límite inferior.
Mizoguchi como último elemento que va a ocupar ese lugar en el centro,
bajo el límite inferior del cuadro, sitúa el sexo de Ohama. El relato
justificará este emplazamiento tan extraño, ya que el sexo de la mujer será uno
de los lugares de llegada de la red de transformaciones antes citadas. Más
adelante, en la ciudad, Tobei cambia el dinero que gana en el mercado por una
armadura, y al mismo tiempo, el sexo de Ohama es profanado por dinero
(profanado al ser ignorado su estatus de mujer casada; al tener lugar la
violación en un templo; y al producirse la violación al mismo tiempo que los
compañeros del violador entonan un cántico religioso, sugiriendo con su
salmodia un contrapunto del ritmo del acto sexual).
El último paso de esa emergencia del capital pasa por la intimidad de la
mujer, y cómo ésta perderá ese sentido para convertirse en un objeto más que se
puede valorar y comprar.
Volviendo al viaje a la ciudad por el Lago, los personajes son
interrumpidos en su apacible navegar por la aparición de una barca, en la que
sólo viaja un moribundo, víctima de los piratas.
Lo que se percibe en principio como fantasmal al final transporta lo
siniestro. El moribundo muere, la mitad inferior de su cuerpo es engullida por
ese lugar, en el que antes estuvo el fuego, y en el que una vez apagado o
desplazado ese fuego, ahora queda totalmente anegado por el lago.
Definitivamente, el fuego de Miyagi se ha extinguido. Y ese lugar donde
se ha dado la muerte ahora queda anegado por el agua.
Ensueño
y realidad: la mujer y el fantasma
Análisis: Segundo viaje. La ciudad: Separación de las tramas. Secuestro de
Genjuro.
Ya en la ciudad, una vez que los destinos de los tres campesinos se han
separado, una vez que la jornada de venta se ha cerrado con éxito para Genjuro,
éste recoge el puesto para cumplir con su último encargo: llevar el pedido de
la joven noble a la casa Kutsuki.
La secuencia se abre con un plano aparentemente de transición, que marca
el final de la jornada, y que sirve para desembragar de los sucesos de la trama
de Ohama, y de la gravedad de los sucesos que se han contado en ella, la
traición de Tobei, la violación de Ohama por los soldados.
P86.- PG GENJURO recoge la tienda.
P86
El plano dramatiza la acción de Genjuro mediante la introducción de un
personaje anónimo, que despierta las suspicacias de Genjuro. Y eso hace que le
pida al tendero de al lado que le vigile la mercancía. Genjuro, obsesionado por
esa mercancía que le permitirá cambiar de estado social, divide así al mundo en
dos clases, aquellos de los que desconfía y aquellos en los que confía.
Pero la importancia de este plano está en ser material para el olvido.
Ante las fuertes expectativas creadas recientemente (la invitación de la
princesa, la traición de Tobei, la violación de Ohama) este plano, que incide
más en lo que Genjuro deja atrás que en lo que se prepara para hacer, se
olvidará, como Genjuro va a olvidar su mercancía. En cuanto la princesa
aparece, su tan ansiado, querido y cuidado cargamento de cerámica queda
arrinconado bajo un montón de paja. En la princesa encontrará lo que realmente
buscaba, y se delata así cuál era el verdadero objeto de su deseo. La seducción
de la princesa marcará un punto de no retorno. Su cercanía anula cualquier otro
objeto de deseo, cualquier otra aspiración, porque la princesa se instituirá
como Objeto Total.
En seguida, una vez guardado su puesto, los pasos de Genjuro le llevan a
una tienda de telas.
No deja de ser significativo que esta secuencia se encuentre situada
tras la de la violación de Ohama. Y si la secuencia de la violación no es sino
consecuencia del engaño de Tobei, su estratagema arrancó con un deseo similar
al de ahora de Genjuro: el de utilizar el espacio de la tienda al que acude
para obrar la transformación.
De hecho, el film reitera el mismo encuadre para expresar la atracción
en uno y otro hermano por las tiendas.
TOBEI / ARMERÍA – GENJURO / TIENDA DE TELAS

P77
|

P90
|
En la tienda, se pone en escena el deseo de Tobei (en la armería) y de Genjuro
(en la tienda de telas). En ambos casos, el artesano-comerciante es un testigo
impasible y distante de lo que ocurre con ambos hermanos. En cuanto ve lo que
les pasa, o deja de verlo, marca el grado de alejamiento de la realidad en los
que ambos hermanos, en pos de su deseo, incurren.
La tienda es en ambos casos un umbral, una puerta a un mundo nuevo. Y
actúa en una y otra situación como un pequeño teatro desde el que presenciamos
la peripecia de cada uno de los protagonistas. La disposición escenográfica de
la tienda acota y hace coincidir sus límites con los límites del campo y del
encuadre. Todo lo que suceda a partir de ese momento, será como consecuencia de
algo que surge del interior de la tienda. En este plano el sujeto de la
enunciación se sitúa en ese interior de la tienda. Un interior en el que no hay
trastienda o almacén.
P92.- La mirada de Genjuro se ve atraída por la tela
estampada con un dibujo que reconocemos: las flores del bajorrelieve lacado de
los títulos.
P93.- Genjuro pestañea. Aparta la mirada y pestañea. Lo que mira
no está fuera de él, sino en su interior.
Porque lo que ve en ese momento no responde tanto a lo que hay fuera de
él, sino a lo que pasa por su cabeza. Se da paso a la reminiscencia, a la
evocación de lo ausente.
P94.- Pasamos a algo que el plano previo marca como punto de vista
de Genjuro. Entre las telas, hay una puerta abierta (allí donde antes se situó
la cámara) y a través de ella se ve un paisaje rural.
Aparece la silueta de Miyagi portando unas vasijas sobre unas tablas.
Genjuro integra a Miyagi con su deseo. A través de la evocación la introduce en
el espacio de deseo y transformación de la tienda. Podemos desglosar este largo
y muy denso plano en las siguientes fases:
-
La silueta de
Miyagi aparece por la puerta abierta. Por ese lugar donde antes estuvo la
cámara (P90), convirtiendo entonces la tienda en un umbral. Y el umbral, a
través del plano 93, que vuelve a éste 94 en subjetivo, se conecta con Genjuro,
con lo que él más quiere, o con aquello con lo que él justifica su deseo.
-
Pero no es
Miyagi quien aparece realmente. Es la Miyagi que le gustaría ver a Genjuro. La
figura de Miyagi aparece llevando una bandeja repleta de las cerámicas que
Genjuro, se supone, acaba de crear. Miyagi cumple con la voluntad de Genjuro,
libremente, sin que él la obligue ni ella se sienta incómoda por ello. Y además,
la silueta de Miyagi no deja de ser estilizada, seductora. Esa silueta y su
estilización borran los términos de individualización y cualquier rasgo
particular que pudieran suponer un rechazo al deseo de Genjuro.
-
Miyagi parte
como una figura oscura, y se va iluminando según se acerca a las telas. Se
siente atraída por las telas, cuando hemos visto que Miyagi sí se siente
atraída por Genjuro, pero nunca por las mercancías que él trae. Ahora es al
contrario. Por otra parte, en esa iluminación progresiva de la oscuridad a la
luz, la evocación de Miyagi se asimila al fantasma de Wakasa, cuando éste, más
tarde, cuando Genjuro le acompaña a la casa de Kutsuki, cumpla con el mismo
recorrido: de la sombra a la luz. Ésa es la segunda nota que asimila a Miyagi
con el fantasma (la primera es el vaho que, en el ataque al poblado, es
exhalado por la boca de Miyagi, al igual que luego emanará vaho de la boca del
fantasma).
-
Miyagi,
atraída por una de las telas, la acaricia, se la pone por encima, sin descolgarla.
La cámara retrocede entonces para ver a Genjuro. Con ello no es que el plano,
simplemente, se defina como semisubjetivo, sino que, si Genjuro en un primer
término había introducido a Miyagi en el lugar de su deseo, ahora se introduce
a sí mismo en su propio deseo. Genjuro se ve (se quiere ver) a sí mismo
mirando a Miyagi. Mirándola desde una posición baja, mirándola postrado,
sometido ante ese acto de felicidad y exhibición de Miyagi. Y entonces la
evocación de Miyagi le ve, agradeciéndole con su mirada esos “regalos”.
-
Miyagi, como
si se olvidara de la presencia de Genjuro, elige otra prenda y la descuelga. Se
viste con ella, dándole la espalda de Genjuro. Exhibe tanto su cuerpo como el
gesto de vestirse. Y en continuidad con ese movimiento de exhibición, gira su
cabeza hacia Genjuro, mostrando al mismo tiempo su agradecimiento por el regalo
y toda la coquetería que éste le despierta. Un sentimiento que antes
comprobamos que no era propio de Miyagi.
-
La evocación de
Miyagi no se da por satisfecha por las telas expuestas. Con curiosidad, se ve
atraída por algo, detrás de unas telas colgadas. Quiere más aún, de forma
opuesta a lo que vimos en el P13, en la secuencia del primer regreso a casa de
Genjuro, ante el hogar. Entra tras el cortinaje que forman las telas, con lo
que su imagen desaparece para nosotros (y lo hará hasta que la reencontremos en
la escena en que morirá al ser atacada por los soldados.)
P95.- Genjuro, en PM, sigue a la evocación con la mirada, y reconoce
la ensoñación como tal. El plano enlaza con el anterior a través del raccord de
ese movimiento de seguimiento de la evocación. Genjuro baja la mirada (reconoce
la distancia entre el deseo y la realidad. ¿Podrá cumplir su deseo algún día?)
Y entonces, una voz de mujer llama su atención, le contesta. Genjuro mira justo
al otro lado (a su derecha).
à
P96.- PG de la Nodriza y Wakasa. La Nodriza se adelanta y reclama los
servicios de Genjuro.
Genjuro ha fantaseado acerca de un fantasma, acerca de la imagen de
Miyagi que él quisiera. La evocación ha aparecido y se ha desvanecido de una
forma muy verosímil, muy realista. Si ha surgido de detrás de un muro,
desaparece al colarse tras unos vestidos colgados que nos bloquean su visión,
al dejar de ser vista por nosotros y por Genjuro.
La evocación ha dado paso a la intrusión de dos personajes, uno de los
cuáles ha despertado antes la admiración de Genjuro. El plano P95, con el
cambio de dirección de la mirada de Genjuro, marca la posición relativa de
estos cuatro personajes.
-
La
desaparición de la evocación de Miyagi, Genjuro y la presencia de Wakasa forman
un eje, a uno de cada extremo se encuentra la evocación que se oculta / el
fantasma que se manifiesta sin haber aparecido previamente.
-
Genjuro está
situado en el centro de ese eje, como pivote entre Miyagi y Wakasa. Genjuro
tiene una posición central en el eje que forman las dos mujeres (o las dos
imágenes de mujeres); un eje que realmente es establecido por él al girar su
cabeza, con su mirada, que disuelve la entidad imaginaria de la evocación de
Miyagi, y al tiempo establece la actualidad del fantasma de Wakasa.
-
Wakasa y su
Nodriza se sitúan en oposición con respecto a la evocación de Miyagi. La
Nodriza y Wakasa van siempre juntas, pero marcando siempre diferencias entre
sí. No son figuras intercambiables, sino complementarias. Ambas plantean una
alternativa al deseo de Genjuro, frente a Miyagi.
-
La situación
de los personajes y los tiros de cámara correspondientes expresan esa idea de
oposición entre Wakasa y Miyagi. Se pueden marcar correspondencias entre Miyagi
y Wakasa, para ver cuáles son las diferencias entre ellas:
Hay relaciones de contradicción de una a otra, pero no
siempre. Hay notas de ambos personajes en que la relación está en un grado
mayor o menor de dominio de cierta cualidad. Si Wakasa demuestra ser culta, eso
no significa que Miyagi sea inculta, sino que su forma de conocimiento es otra,
en un saber práctico, ligado al campo del hacer, y no tanto al del parecer.
Las mayores similitudes entre estas dos imágenes están en ese punto en
que las trayectorias se entrecruzan: Genjuro, que se siente atraído por Wakasa,
y al mismo tiempo quiere que Miyagi se sienta atraída por él.
Y hay un punto de fractura en esa Miyagi que hemos visto, y es que ella
no es Miyagi, sino una evocación. Genjuro no soporta ciertos extremos de Miyagi
ligados a su carácter real; es eso lo que quiere transformar, y llegó a
lograrlo en su evocación. Pero por ser una evocación, es un ser imaginario sin
consistencia, ya que la realidad se opone completamente a esa creación
imaginaria. Sólo el deseo de Genjuro la soporta. Y precisamente, eso permite
que Wakasa ocupe el lugar de esa evocación, ya que Wakasa presenta todas las
características atractivas de lo imaginario, sin ofrecer ningún tipo de las
resistencias de lo particular. Y aparentando además ser real, más real incluso
que la misma realidad.

La secuencia se cierra con los siguientes planos:
P97.- PM Genjuro. Se vuelve hacia
atrás, a la DERECHA.
P97
La mirada de Genjuro se abstrae de la petición de la bruja, y se
concentra en:
P98.- PP de Wakasa, que sonríe ¿a Genjuro?.
Un rostro sonriente, que parece prometer algún placer secreto, y que
muestra una extraña inmovilidad. No hay nada que se altere en su rostro, el
rostro de una máscara. De hecho, su maquillaje es una cita de una máscara
característica del teatro Nô.
99.- PG - SEMISUBJETIVO Wakasa. Genjuro se humilla ante la Nodriza. Los
tres se vuelven a LA DERECHA.
El plano tiene una gran carga al poner en escena el punto de visto de
Wakasa, arrancando como casi un subjetivo de ésta. La vemos mientras mira y
espera la respuesta de Genjuro, que intercambia sus saludos con la Nodriza. Y
el plano introduce ahora un nuevo eje con respecto a los otros planos del resto
de la secuencia, que ya no bascula con centro en Genjuro, sino que se proyecta
desde Wakasa a Genjuro. Genjuro antes tenía toda la potestad de elegir. Ahora, es
simplemente el punto final de la acción de Wakasa-Nodriza.
Si hasta ahora habíamos visto que el film se movía a través de la idea
de transformación (lo que está en un lugar se transforma en algo, que sigue
ocupando el mismo lugar), cambios en los que la alteración de la apariencia del
objeto se asocian a un cambio en la sustancia de éste, ahora tenemos una
sustitución. Mientras Genjuro y Miyagi trabajan a través de transformaciones,
veremos que Wakasa y la Nodriza operan a través de sustituciones de apariencias,
que sólo se dan en el plano imaginario, en el plano del parecer, nunca en el
del ser.
La
mentira de la bruja
Análisis: Segundo viaje. La seducción de Genjuro (II): El baile de Wakasa.
En el centro de la película, se cruzan los elementos fundamentales de
las dos tramas, la trama de Genjuro y la de Tobei: respectivamente, el deseo y
la ambición. Y ahí suena la voz bronca del fantasma del daimyô samurái. Alguien
que ocupó esa posición en la escala social que ambiciona Tobei, y que a Genjuro
se le ofrece aparentemente sin mayor esfuerzo, supuestamente, por su capacidad
creadora (un talento que la película se ha encargado de mostrar como engañoso,
tanto que hasta al mismo le Genjuro le cuesta dejarse engañar por los halagos
de Wakasa). Y en el centro del relato, en una escena construida con exquisito
(y ostentoso) gusto, la imagen de la mujer baila ante Genjuro.
La secuencia comienza con un plano que nos revela el espacio como
espacio teatral: vemos el típico teatro Nô, en el que está el puente
(hashigakari) y la escena principal (honbutai). Y en esa escena principal,
podemos percibir la posición del Waki, ocupada por Genjuro.
Presidiendo este espacio, las ramas retorcidas y secas de un árbol seco.
Árbol seco, traducción del término japonés Kutsuki, homófono al nombre de la
familia de Wakasa.
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Teatro Nô (Teatro Nacional de Nô,
Tokio)
Fuente www.wikipedia.es. Artículo
Teatro no. http://es.wikipedia.org/wiki/N%C5%8D (Consultado el 4/12/2006.)
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Hay en esa representación teatral del plano 119 una anomalía: ¿dónde
está el Shite, que debería estar frente al hombre?
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Representación de Teatro Nô
Fuente www.wikipedia.es. Artículo
Teatro. http://es.wikipedia.org/wiki/Teatro (Consultado el 4/12/2006.)
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Si no vemos al Shite, es porque estamos fuera del campo de la visión del
Waki. En cuanto que no podemos ver lo que él ve, eso nos delata que Wakasa no
tiene existencia fuera de la mirada de Genjuro.
En el plano siguiente, P120, el Shite aparece, bailando ante el Waki, no
revelando aún su verdadera naturaleza, pero jugando a sugerirla.
Ignorando aparentemente la presencia de Genjuro, concentrada en su canto
y su baile, para inesperadamente señalarle con el abanico, volverse hacia a él,
y de nuevo ignorarle. En un juego de seducción en el que el abanico es algo que
acaricia, prolongación de la mano, pero también no deja de tener su connotación
de arma, de objeto de ataque.
La
más delicada de las sedas de ricos colores, de apreciados matices declinaría su
brillo y perdería su riqueza tal como mi vida se desharía, amado mío, si tú
rompieras con nuestros votos de Amor que por más de cien años serán sellados
con este brindis.
Porque si el abanico es literalmente un arma, también podemos escuchar
la promesa de Wakasa de forma literal, casi como amenaza. Esos más de cien años
se refieren a una aseveración real. Y el filo del abanico parece cortar el
cuello de Genjuro.
El canto y el baile de Wakasa se entremezcla con algo más. Una vez
masculina, opaca, bronca, casi ultraterrena. Wakasa se detiene y se oscurece.
Lo sobrenatural aparece de forma explícita en el film en este momento. Si
Wakasa se ha detenido ante esa irrupción, la cámara no, y continúa lo que
debería ser el movimiento de la mujer. La cámara acaba encuadrando el casco
hueco del daimyô, el supuesto padre de Wakasa.
La voz fantasmal de éste plantea a los espectadores una incógnita, al
mismo tiempo que ésta se plantea en Genjuro. La bruja desvela el enigma a
través de la historia, de la leyenda. Pero conociendo el pasado, la Historia,
comprendemos que el engaño y la superchería alcanzan mayores proporciones. La
Historia es desvirtuada por la bruja. Según la Nodriza, Nobunaga mata a
Kutsuki, y destruye su casa. En la Historia, Kutsuki fue realmente aliado de
Nobunaga, y le llegó a sobrevivir, convirtiéndose luego en aliado del seguidor
de Nobunaga, Hashiba Hideyoshi,
y finalmente en figura fundamental a la muerte de este último de su sucesión al
traicionar a Ishida Mitsunari en la batalla de Sekigahara (1600) y apoyar a
Tokugawa Ieyasu.
La bruja nos da una visión de esta realidad completamente alterada. Y
todo ello, para atentar contra el nombre de Nobunaga.
La Familia Kutsuki fue aniquilada por Nobunaga, el
maldito y cruel Nobunaga.
Desarticulado el relato histórico, planteada la escena como engaño, el
nombre de Kutsuki alcanza su significado en lengua japonesa: árbol seco.
El alma del difunto señor aún deambula por la casa. Y
si oye la voz de la princesa, también se pone a cantar con alegría. Y, hoy, el
señor está contento porque sabe que su princesa ha encontrado, por fin, al
hombre de su vida.
Una vez desmentido el valor de la palabra, de la ley de Nobunaga, el
unificador y pacificador de Japón, y expresada como coacción y violencia –que
por otra parte, no dejaban de ser atributos del real Nobunaga-, lo que aparece
ocupando el lugar de la voluntad del padre se pliega al deseo lascivo del
fantasma de la mujer. Gozar en el goce de ésta.
Y sabe que ese hombre pronto será el marido de su hija
para siempre.
Genjuro y Wakasa se comprometen en una unión en la que el tercero es un
término imaginario, sin posibilidad de operar una sanción simbólica, con lo que
ambos se enfrentan a la fusión.
La otra cara de Miyagi: el fantasma
Análisis: Segundo viaje. Genjuro vuelve Regreso a casa.
El engaño se ha revelado como tal. Wakasa se ha mostrado como un
espectro. El palacio de Kutsuki como un edificio en ruinas. El casco de Kutsuki
como un objeto sin valor.
Genjuro llega a la aldea. Lo hace por derecha, es decir, por un lugar
que no corresponde al de la ciudad. El lugar del Otro mundo. Y se encuentra su
casa. Una casa que es encuadrada de una forma muy diferente a la que siempre se
ha hecho. Ahora se muestra como frontal, grande, amenazadora, cuando siempre se
había encuadrado de forma lateral.
Al entrar Genjuro en la casa, la cámara ya está ahí, esperándole. Pero
no hay nada, ni nadie, en el lugar del fuego. La cámara parece saber que va a
llegar, y no intenta mostrar el estado del interior cuando entra Genjuro. El
interior ya está ahí, esperando. Un interior de desolación que es atravesado
por Genjuro, mientras que la cámara le sigue en su búsqueda de algo que pueda
reconocer; primero en panorámica a la derecha, luego a la izquierda, hasta que
Genjuro vuelve a salir fuera de la casa. Aunque la cámara se mueva en
panorámica, el punto de vista no cambia mientras Genjuro está en la casa. Como
si alguien le mirara, sin que Genjuro le viera.
Cuando Genjuro sale de la casa, la cámara sigue su desplazamiento en el
exterior, muchas veces sin que lo veamos ya que los muros de la casa nos lo
impiden, pero sin perder su trayectoria nunca. Comienza un travelín circular
con panorámica a la derecha que manifiesta el lugar desde el que la cámara, en
su primera posición, espiaba a Genjuro en la entrada a la casa. El lugar donde
estaba la cámara, el lugar donde en principio estábamos nosotros, el lugar del
cuál ahora nos vemos desplazados para poder ver en él a Miyagi. El lugar donde
está ese fuego de nuevo que se había desvanecido al atravesar los personajes el
lago y aparecer en la historia, con la ciudad, el dinero.
Ese lugar, la cámara nos lo revela, estaba siempre ahí. Y alguien lo
guardaba y estaba siempre ahí, contemplando todo. Miyagi.
Adelantemos algo que la narración ha eludido. Miyagi ha muerto. Y ahora acude
como espíritu para reunir una vez más, por última vez, a su familia. Y
recordemos algo que se planteó en la secuencia de la evocación de Miyagi, en la
tienda de telas. A partir de cierto momento, Miyagi y Wakasa se sitúan en cada
uno de los extremos de un eje, cuyo centro pivota alrededor de Genjuro. Si
Miyagi ahora se ha “mostrado”, eso significa que Wakasa es la que está mirando
la escena.
Una Wakasa que tras su desaparición había quedado flotando en el aire,
en el lago, igual que su canción, la misma que oímos en la secuencia de las
“bodas”, que vuelve a sonar en off, al tiempo que Genjuro parece dirigirse,
atravesando la zona de las ruinas del palacio, cuerpo aniquilado, hacia el
lugar donde quedó Miyagi, más allá del lago Biwa.
Reencontramos a Miyagi y la puesta en plano nos lo remarca. La
composición del cuadro repite la del P13, en la secuencia del reencuentro tras
el primer viaje.
Pero en el plano siguiente, volvemos a ver la figura de una vieja
conocida. Su silueta, vista como tantas veces de espaldas, expectante.
Una silueta que no deja de recordarnos la de la Nodriza de Wakasa, y su
extraña inmovilidad.
Cuando la cámara sigue en panorámica a Genjuro, que va a acostar a su
hijo (como en la secuencia 6), lo hace no sólo para centrar la acción de
Genjuro, sino también para dejar de ver a Miyagi, y marcar la diferencia
existente entre esa Miyagi misteriosa, como un ser pasivo, observador,
distante, que aparecía en el primer encuadre del plano y se relacionaba con la
iconografía propia de la Nodriza, y Miyagi como el ser activo, colaborador,
abierto, expansivo que entra en cuadro para ayudar, una vez más, a Genjuro.
La panorámica (que nos aparta de la figura estática de esa Miyagi en
cuya silueta se aparece la nodriza-bruja) y su entrada en cuadro en el encuadre
final de la panorámica (que nos devuelve como nueva la figura habitual de
Miyagi) marcan la escisión, la diferencia; pero una diferencia que tiene
sentido en cuanto que se define la renuncia de Miyagi a la venganza.
Cuando Genjuro le medio confiesa su culpa, la cámara se aproxima al
rostro de Miyagi para dar cuenta de que ella ya sabe.
Miyagi sabe más de lo que cree Genjuro, y guarda silencio acerca de algo
que él, por ahora, no puede saber: su muerte. Miyagi se sitúa en el lugar del
que sabe pero no lo aparenta, en el lugar del secreto. Justo al otro extremo
del que se situaba Wakasa, es decir, del que aparenta lo que no es.
Desde el secreto, Miyagi inicia una operación de simbolización que
permitirá reintroducir en el relato un orden, respetuoso con la Ley del Karma.
Pero para ello deberá de pagar. Miyagi debe renunciar a la venganza posible
como ser sobrenatural. Si no lo hiciera, se convertiría en un ser en una
situación similar a la de Wakasa: anegaría a Genjuro de lo real. En su sed de
venganza le reduciría a un mechón de pelos, como Isora hacía con Shôtarô en El
caldero de Kibitsu, el otro relato de referencia de los Ugetsu
Monogatari de Ueda Akinari, bisagra entre La cabaña entre los cañas
esparcidas y La impura pasión de la serpiente, y que cuenta la
venganza sobrenatural de una mujer a la que la infidelidad de su marido ha
llevado a la muerte, al estado de espectro. Isora, el personaje del espectro
vengativo de la mujer, es la bisagra entre Miyagi y Wakasa.
These two women
represent the extrems of Mizoguchi’s theme; it is much more than simple profane
vs. sacred love. Rather, it displays a subtle irony: in the end both women died
needing love, the spirit in the haunted mansion is to be equalled with the
loyal and loving wife. They are equal and it is this parallel that interests
Mizoguchi, just as much as did the similar parallel of Sisters of Gion,
or the parallel conflicts with decides the fate of the heroine in Osaka
Elegy.
RICHIE,
DONALD. Japanese Cinema: Film Style and National Character. Secker &
Warbur, Londres 1972. Pág. 115.
Un recurso que se utiliza por dos veces en esta secuencia es el de la
llamada al Otro mundo que realiza una flauta que no se sabe hasta qué punto es
interna o no a la diégesis. Y que repite la llamada que acompañaba a la primera
aparición de Wakasa dentro de la casa de Kutsuki (en donde se manifestó primero
como sombra, luego como silueta oscura y finalmente como cuerpo). Dos llamadas
perturban a Miyagi en su recibimiento a Genjuro.
Una de esas llamadas aparece justo en ese momento, en que Miyagi se
lleva la mano a la boca, conteniendo el llanto. Suena la llamada fantasmal, y
el cambio de plano (al plano 186) nos trae la silueta de la nodriza nigromante,
como ya se ha señalado.
Si Miyagi rompe esa llamada acudiendo a auxiliar a Genjuro en su sueño,
la segunda llamada fantasmal tiene lugar tras ese momento, cuando Genjuro
duerme con su hijo en brazos. Miyagi se retira y limpia el polvo del camino del
calzado de Genjuro. Ella se oscurece, es una silueta negra como lo fue Wakasa
cuando se sumió en las tinieblas, al ser conjurada por Genjuro con la ayuda de
las escrituras budistas sobre su piel. Como silueta negra, a punto de ser sólo
una sombra, Miyagi se detiene, como si hubiera oído algo. Pero nosotros como
espectadores no oímos nada.
Hasta que ella se queda quieta, y entonces comprendemos su inmovilidad
al oir la llamada ultraterrena de la flauta. Una transición por encadenado al
plano siguiente nos marca de nuevo la escisión de Miyagi. Hay un cambio en el
personaje, ya que se niega a seguir ese impulso que le llama.
Cuando ella enciende la lámpara para velar a Genjuro y Genichi, sólo
entonces, el sonido de la flauta desaparece.
Genjuro de forma insistente ha intentado lograr una transformación. El hecho
sobrenatural no será sino consecuencia desgraciada de esas transformaciones con
las que él quería forzar la realidad (Genjuro convierte su potencial de trabajo
como agricultor en trabajo como artesano / Genjuro transforma el fuego de útil
para la cocina en fuerza para su trabajo como artesano / Genjuro convierte la
tierra en cerámica / Genjuro convierte la cerámica en dinero). Esa serie de
transformaciones, al no sujetarse a la ley del Karma, acabarían introduciendo
un ciclo incesante, en el que el dinero se alimentaría a sí mismo,
imaginarizando al objeto al desvincularlo de su valor de uso. Si el mundo es
Maya, apariencia, la circulación del dinero que propone Genjuro refuerza ese
ciclo vicioso de las apariencias.
Un ciclo de apariencias en el que el fantasma logra sustituir a Miyagi.
La Ley del Karma es una ley de transformación continua que debe
encaminarse, paradójicamente a la cesación, frente a la pulsión de Genjuro, que
busca la transformación a instancias de un deseo que difícilmente se podrá saciar.
Por ello, Genjuro no puede evitar caer en el fantasma (Genjuro disfraza a su
mujer con la ropa que ha comprado con el dinero obtenido / Genjuro sustituye el
recuerdo de su mujer por la imagen de su deseo) y de ahí, pasa a ser posible
víctima del cadáver que se esconde tras la apariencia.
La muerte de Miyagi es el resultado de las ansias de transformación de
Genjuro. Y supone una nueva transformación, consecuencia del proceso al que se
somete Miyagi debido al deseo de Genjuro:
Miyagi transforma
el alimento en comida.
Miyagi se ve
privada del fuego
Miyagi
advierte la caída (traición) de Genjuro
Miyagi muere:
Miyagi se transforma en espectro
Pero el paso final del trayecto de Miyagi, con respecto al del personaje
de Isora de El Caldero de Kibitsu, no llega a operarse:
Miyagi se
transforma en un ser vengativo.
Si fuera así, finalmente tendríamos como resultado de la historia:
Genjuro se convierte en víctima de Miyagi
Eso no llega a ocurrir. Frente a la consumación, aparece el principio
budista de la cesación: la venganza se niega, el sacrificio del yo (Miyagi)
permite a Genjuro seguir viviendo.
Y Miyagi, ser piadoso, se revela como bodhisattva, flor que se abre en
secreto, y remienda la ropa de Genjuro mientras la luz del sol, abriendo un
nuevo día, se cuela a través de los resquicios de la casa.
Comienza un nuevo día. A su luz, la casa ha perdido su aspecto
amenazador. Vuelve a ser la casa de una familia.
CONCLUSIÓN
El final del Ciclo
Análisis: Final. La voz de Miyagi.
Genjuro ha experimentado por segunda vez el contacto con lo
sobrenatural.
La primera vez en que ocurrió algo similar, el encuentro con Wakasa, fue
consecuencia del deseo de Genjuro de alcanzar un cambio de clase que él creía
posible gracias a su dominio sobre una serie de transformaciones: de la tierra
a la forma de la vasija, la forma de la vasija a la vasija cocida como
cerámica, de la cerámica al dinero. La consecuencia real de esa transformación,
según lo explorado por Marx, llevaría a un ciclo incesante, en el que el valor
de uso estaría condenado a desaparecer, anulado por la transformación de dinero
en capital.
Como resultado, dentro de ese universo cíclico, incesante, en que se ha
inmerso Genjuro, el fantasma, eso que se desea por encima de todo, acabó
sustituyendo a Miyagi. Lo pudo hacer por su facultad de ser en lo imaginario. Y
llegó a hacerlo precisamente porque, en cierto momento, Genjuro ha intentado
situar a Miyagi en lo imaginario. Al hacerlo, Miyagi y Wakasa se han situado a
uno y otro lado de un eje que las relaciona entre sí. Definiendo que una y otra
estén siempre a un lado y otro de un mismo eje. Con lo que si una se muestra
ausente, la otra ocupa su lugar y revela su presencia.
Pero ese objeto tan deseado al cuál se somete Genjuro, Wakasa, le exige
una entrega completa. Y esa entrega le exige lo último que queda de su mujer
Miyagi, el pensamiento de Genjuro hacia ésta. Una vez conseguido esto, Genjuro
está casi a punto de sucumbir a la amenaza del fantasma: la aniquilación.
Porque Wakasa no es del todo un ente imaginario. Su apariencia, el carácter
imaginario de Wakasa, con que Genjuro ha sido seducido y cegado, en cierto
momento se desvanece y surge entonces la perspectiva del cadáver que esconde. Y
será ése, el cadáver, el último rendimiento de los trabajos de Genjuro.
Afortunadamente para Genjuro, el monje con el que se cruza, el monje que
reconoce en su rostro la marca del peligro que le amenaza, le hace ponerse bajo
la Ley. Escribe entonces sobre el cuerpo del maldito los caracteres de la
Palabra del Buda, del Budismo Mahayana. Gracias a ello, Genjuro puede resistirse
al fantasma y rechazar su amenaza. Entonces, la casa que supuso un espacio de
fascinación se revela como un edificio en ruinas, un cuerpo convertido en
cadáver. La red de engaños a la que él se quiso someter ahora es insostenible.
Todo se ha desvelado como una ilusión engañosa, y en cuanto a eso, Genjuro es
incapaz de distinguir entre la realidad y el sueño, como le ocurrió a Chuang
Tzu.
Antiguamente, Chuang Chou soñó que era mariposa.
Revoloteaba gozosa; era una mariposa y andaba muy contenta de serlo. No sabía
que era Chuang Chou. De pronto se despierta. Era Chou y se asombraba de serlo.
Ya no le era posible averiguar si era Chou, que soñaba ser mariposa, o era la
mariposa, que soñaba ser Chou. Chou y la mariposa son cosas diferentes. Así son
las transformaciones de las cosas.
CHUANG TZU.
“Nan Hva Ching”. Incluído en Dos grandes maestros del Taoismo. Edición
de Carmelo Elourdy, S.J. Madrid 1983
Cuando lo ocurrido en la casa se desvela como irreal, la duda de la
experiencia vivida sitúa a Genjuro en una actitud de reticencia con respecto a
la realidad. Antes sufrió un engaño, ya sea debido a la injerencia de lo
sobrenatural, o ya sea debido a un delirio personal. Lo fantástico se plantea
como duda.
Sin embargo, no es ése el mensaje real del budismo. No es pensar que el
mundo es apariencia, sino dejar de pensar en la apariencia del mundo, dejar de
pensar en el mundo, dejar de pensar en la apariencia, dejar de pensar. Ante el
riesgo de fundir de nuevo la realidad con el sueño, Genjuro recibe una nueva
llamada de lo sobrenatural. Y esta vez, la llamada es un mensaje. Un mensaje
críptico, ilógico. Un koan, planteado no con palabras, sino con
acciones. Un mensaje que no busca ser entendido, y por ello su explicación no
puede ceñirse a lo que aparentemente significa.
Un koan formado por acciones básicas, como sacudir el polvo de
las sandalias, o remendar la ropa. Por sensaciones primarias y triviales, como
esa luz solar que se cuela a través de las rendijas de la puerta rota o la luz
del candil que enciende el espíritu de Miyagi. Y la imposibilidad de Genjuro de
ver el milagro secreto que tiene lugar en ese koan es algo que está en
la esencia misma de esta forma de revelación: tanto en que el espíritu hace cuando
nadie le ve; como en el mismo resultado de lo que ha hecho el espíritu,
cuando nadie le ha visto.
Miyagi restituye un eje que se ha roto. Lo restituye en cuanto que
permite que el contacto con lo real no va a quemar a Genjuro, que Genjuro va a
soportar ese peso. Y que el hombre va a ser consciente de eso. Genjuro ha
soportado por dos veces la revelación de la mujer; la prohibición del eje del
deseo, y vive ahora la restitución en el eje simbólico. Lo hace a través del
contacto con esas mujeres que si están en el eje del deseo, también están
cruzadas por el eje simbólico de la prohibición.
Hay en todo ello una formulación que podemos afirmar que es homóloga a
la que González Requena define en el cine clásico de Hollywood.
En el relato fílmico clásico, la posesión de la mujer
-su conquista en tanto objeto de deseo- queda pospuesta al afrontamiento de la
tarea por la que el personaje confirma su dimensión heroica y, así, restaura la
cadena simbólica.
Una cuestión, ésta, habitualmente no tomada en serio
por críticos e historiadores, para quienes tan constante solidaridad no era más
que el producto de los gustos ingenuos del público y de las exigencias
oportunistas de los productores hollyoodianos. Y sin embargo, una atención
menos prejuiciosa y, por lo demás, más respetuosa a los textos mismos, debería
hacernos ver que se trata de una de las piezas básicas de la cifra simbólica
que conforma el relato clásico.
Pues, en éste, cierta ley regula la distancia entre el
sujeto y el objeto de su deseo, a la vez que lo inscribe en la dimensión
temporal del proceso de maduración. La posesión del objeto del deseo exige, en
ese sentido, la cualificación del sujeto como héroe a través de la Tarea que el
Destinador le encomienda y que, en ello mismo, confirma su acatamiento de la
Ley. Pues, después de todo, sólo un héroe puede estar a la altura del deseo de
la mujer. Y así, la estructura del relato clásico se nos descubre en lo
esencial configurada por la estructura misma del proceso edípico.
Eje de la
Ley:
Destinador
à
Eje del Deseo:
Sujeto à
Tarea
à
Objeto
à
Héroe
GONZÁLEZ
REQUENA, JESÚS. Clásico, manierista, postclásico. Los modos del relato en el
cine de Hollywood. Castilla Ediciones, Valladolid 2006.Páginas 194-195.
Miyagi vuelve a introducir en el relato un fuego que más que iluminar al
fantasma, como ocurría en la casa de Kutsuki, sirve para cocinar y para
proteger del frío. Ahora, en correspondencia, si el contacto de Genjuro con el
fantasma ha convertido a Miyagi en cadáver, Genjuro debe reintroducirla en el
ciclo del Karma. Debe darle su “nombre búdico” y devolverla al espacio de lo
muerto. Pero no como un cadáver, sino como una voz y un túmulo. Genjuro reza
ante el túmulo de Miyagi.
Ahora, lo que ocupa el lugar que se vació al atravesar el lago (Bajo el centro,
Fuera de cuadro) es el cuerpo de Miyagi. Si Genjuro en su momento
interrumpió el proceso de Miyagi para imponer el suyo, utilizó el lugar del
fuego para colocar en él el torno, hasta finalmente agotar el lugar del secreto
al obtener como beneficio final el dinero, ahora con la ceremonia fúnebre logra
devolver el secreto a ese lugar: accesible aunque seguro para el hombre. Pero
Miyagi muerta ocupa el lugar en cuanto a que es motor, y no cadáver. Por eso,
en el último plano la cámara se eleva desde el túmulo al final del film. No hay
un cadáver ahí, como si lo había en la casa de Kutsuki, lo que hay es la
memoria de que allí estuvo alguien que supo y guardó el secreto en silencio,
alguien que habla y al que nadie escucha, alguien al que sin hablar todos le
hacen caso ahora, alguien que gira el torno sin mover la mano, porque ya no
tiene manos, ya no tiene cuerpo.
Ugetsu Monogatari, Lo que se cuenta en el mes de las lluvias, es la
historia de una instauración: la de Hashiba - Toyotomi Hideyoshi, que finalmente
llevará, tras la muerte de éste (17 años después, cuando Japón se volverá a
convulsionar por unos incluso más cruentos que los que se cuenta ahora) a la
instauración de Tokugawa Ieyasu y el inicio de la época Edo. Una época
caracterizada por el progreso moderado, la prosperidad y el asilamiento.
Pero también es la historia de una reinstauración simbólica.
Genjuro reza en la tumba de Miyagi, Tobei trabaja el campo, Genjuro la
cerámica. Ohama cuece el alimento –retoma el fuego de Miyagi- y lo reparte en
la familia. Y Genichi ofrece esa comida al túmulo de Miyagi. Miyagi que habla
al borde de la cesación, a punto de callar tras los 49 días de espera búdica
–los 49 días de la iluminación del Buda Gauttahma- en que su espíritu, según la
tradición búdica, aún vaga por la tierra, a punto de disolverse en la nada, y
que sin embargo, une una familia que se rompió, alienta el trabajo que se
olvidó, permite cocinar el alimento que se negó y hace moverse un torno que ya
ninguna mano hace girar.
The final scene is
rich in meaning deftly condensed, inviting reflection on war's effects on four
individuals and their village. Here we come to accept that in a time of civil
war, two conflicting
ways of adapting to the environment were equally impossible to realize. The film's
world view is basically ironic: given such chaos, the individual cannot
prevail, no matter what kind of action he or she takes. Survival is dependent on chance
alone. Miyagi's option, with which Mizoguchi sympathizes, is less rewarding
than those taken by the others. Although Tobei, Genjuro, and Ohama have been defeated in their
aims, they have survived; their very defeat has taught them the insignificance of all
"options." Yet, Miyagi rises, through death, above the merely tragic:
she becomes the most sublime type of woman, the one who can forgive. The shot
of Genjuro busily engaged in loading the kiln is accompanied by Miyagi in a voice-over: "So much has
happened to us. Now at last you have become the man I hoped you would be."
There is redemption for Genjuro, as well, in this thought.
MCDONALD, KEIKO. Ugestsu –
Kenji Mizoguchi, Director. Rutgers University Press, New Brunswick 1993.
Citado en VV.AA. Mizoguchi
the Master. Cinémathèque Ontario – The Japan Foundation. Toronto 1980. Pág.
34
Es el último punto del ciclo de Miyagi, y en el que muestra su
diferencia con el que quiso instituir Genjuro. Mientras que el ciclo del hombre
llevaba al cadáver, el de Miyagi lleva a ese humo que se eleva desde el túmulo
y en el que Miyagi se disipa.
Miyagi encarna no sólo la fidelidad conyugal y el amor
de una esposa, sino también la nostalgia natal, la tumba de los antepasados,
los cambios transmitidos de generación en generación, el retorno inicial de las
estaciones, la vida ligada al manejo del timón.
KENJI MIZOGUCHI,
Valladolid, XXV Semana Internacional de Cine, 1980, Pág. 47. Citado en SANTOS,
ANTONIO. Kenji Mizoguchi. Colección Signo e Imagen / Cineastas. Editorial
Cátedra. Madrid, 1993. Página 44.
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Análisis: Títulos de crédito 6
El deseo de Genjuro. 19
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Análisis. Primer viaje: los resultados 20
La mano que mueve el torno. 26
Transformaciones: Procesos. 27
El lugar que se ha vaciado del fuego. 33
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Análisis: El Segundo viaje. El ataque a la aldea.
(III) 33
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lago
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tramas. Secuestro de Genjuro. 37
La mentira de la bruja. 50
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El baile de Wakasa. 50
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a casa. 55
El final del Ciclo. 65
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Análisis: Final. La voz de Miyagi. 65
Bibliografía sobre Mizoguchi y cine japonés: 72
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